En la ruta ondulante que parece escrita por dioses antiguos, Pogacar encendió la carrera en la Côte de La Redoute con un ataque que fue más sentencia que intento, dejando tras de sí un reguero de ambiciones quebradas.
Solo el francés Paul Seixas (Decathlon CMA CGM), con la audacia intacta de sus 19 años, osó seguir la estela del bicampeón mundial antes de ceder en la Roche aux Faucons, donde el esloveno convirtió el esfuerzo en un monólogo victorioso.
Detrás, el belga Remco Evenepoel (Red Bull-BORA-hansgrohe), protagonista temprano de la fuga, rescató el tercer puesto en un sprint de perseguidores, mientras la carrera ya pertenecía a otro plano, al territorio donde habita Pogacar.
Con esta cuarta corona, el esloveno iguala al español Alejandro Valverde y se sitúa a una sola del mítico belga Eddy Merckx, en una temporada donde ya reinó en Strade Bianche, San Remo y Flandes, y solo cedió en Roubaix, como si incluso sus derrotas fueran parte de una narrativa superior.
Pogacar irrumpe e impone y en Lieja volvió a parecer lo que el pelotón murmura entre sombras y resignación: un ciclista de otro planeta, el mejor del mundo.
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