La aeronave estadounidense aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, estado de La Guaira, donde fue recibida con el tradicional bautizo de agua por la ministra venezolana para el Transporte, Jacqueline Faría, y el encargado de negocios de la embajada estadounidense aquí, John Barrett.
Medios locales de prensa informaron que en el avión viajaron unas 49 personas, entre ellos una delegación oficial presidida por el director del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca, Jarrod Agen, entre otros.
En declaraciones a la prensa en la terminal aérea, Faría dio la bienvenida en nombre de la presidenta encargada Delcy Rodríguez a todas las líneas que retornaron y las que “están tocando las puertas”.
Señaló que Venezuela quiere conectarse con el mundo y anunció que esperan la llegada de más de 100 mil pasajeros al año, a razón de siete mil 200 u ocho mil mensuales.
La titular apuntó que ello implica para el aeropuerto “un gran canje económico, una gran movilización” para lo cual se prepararon con inversiones, en pleno desarrollo, para mejorar toda la terminal aérea.
El diplomático estadounidense expresó que su país y Venezuela están recuperando una arteria comercial fundamental que permitirá acelerar la inversión, reconstruir las cadenas de suministro y reforzar los lazos “entre nuestra gente y países”.
Este es el primero de muchos vínculos entre los dos Estados, anunció Barrett, quien calificó el momento de hito histórico en la relación.
Por su parte, el vicecanciller venezolano para Europa y América del Norte, Oliver Blanco, detalló que la delegación de la nación norteña viajó a Caracas con el objetivo de dar pasos concretos de cooperación en sectores estratégicos asociados al petróleo y la minería.
Explicó que este vuelo tendrá una frecuencia diaria a la ciudad de Miami, que permitirá a los viajeros dirigirse a muchos destinos y adelantó que el 21 de mayo inaugurarán la segunda frecuencia
El pasado 5 de marzo los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos restablecieron las relaciones diplomáticas y consulares -que estuvieron suspendidas durante siete años- exactamente dos meses después que la presidenta encargada asumiera la dirección del país tras el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el 3 de enero.
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