En su más reciente reporte epidemiológico, las autoridades contabilizaron, además, cuatro mil 656 contagios en animales, con mayor incidencia en ganado bovino.
El jefe de Epidemiología del Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria (Senasa) de Honduras, Josué Lemus, declaró a la prensa que la situación es crítica, especialmente en zonas con condiciones climáticas de alta humedad y temperaturas elevadas.
Lemus precisó que el 75 por ciento de las infecciones se concentran en bovinos, seguidos de cerdos y perros, con un siete por ciento cada uno, aunque también se detectaron casos en caballos, cabras, ovejas y aves.
Advirtió que la presencia del gusano barrenador obliga a los productores a reforzar la vigilancia de sus animales, lo cual implica mayores costos de manejo y tratamiento, además de posibles pérdidas en la producción de leche y carne.
La prevención es más barata que la curación, aseguró el funcionario del Senasa, tras insistir en la importancia de aplicar buenas prácticas de manejo, curación de ombligos y atención temprana de heridas para evitar infecciones en los animales.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, los dos decesos en humanos se registraron en Tegucigalpa, lo que alertó a las autoridades sanitarias sobre la presencia del parásito en zonas urbanas de la capital hondureña.
Según la fuente, la enfermedad afecta principalmente los miembros inferiores, sobre todo en personas con heridas, úlceras, pie diabético o insuficiencia venosa, condiciones que favorecen el desarrollo de las larvas.
La miasis cutánea por gusano barrenador es provocada por las larvas de la mosca Cochliomyia hominivorax, que deposita sus huevos en heridas abiertas o lesiones de animales de sangre caliente, incluido los seres humanos.
Horas después de que el insecto deposita la larva, nacen los gusanos que se alimentan del tejido vivo.
Sus efectos son particularmente devastadores en la producción pecuaria, debido a la mortalidad y a un menor rendimiento en la producción de leche y carne.
Desde 1995, Honduras no registraba en humanos casos de gusano barrenador, pero en septiembre de 2024 declaró una emergencia sanitaria ante la propagación de la enfermedad parasitaria en Centroamérica y otras regiones.
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