El asedio evolucionó desde el simple cierre de los pasos fronterizos y la restricción del movimiento de mercancías hasta una completa remodelación de la economía y la geografía dentro de la Franja, alertó el analista.
Qamar criticó la imposición de la llamada “línea amarilla” que divide al enclave costero en dos zonas, una de las cuales continúa bajo control del Ejército israelí.
Esa estrategia se convirtió en una herramienta económica que separa grandes áreas del ciclo de producción y las convierte en zonas aisladas del uso civil, explicó.
Al respecto, destacó que más del 80 por ciento de las tierras agrícolas de la Franja, que eran la columna vertebral de la producción local de alimentos, ahora están ocupadas por las Fuerzas Armadas.
El sector agrícola solía aportar más del 11 por ciento del Producto Interno Bruto, con un valor de cientos de millones de dólares anuales, pero gran parte de este sistema está afectado, apuntó.
La crisis también se extendió al sector industrial porque diversas zonas sufrieron una destrucción generalizada, lo cual provocó una paralización casi total del sector y la interrupción de miles de talleres, almacenes e instalaciones de producción, detalló.
El analista afirmó que las consecuencias económicas del bloqueo y la destrucción son impactantes.
En ese sentido, señaló que la contracción económica superó el 87 por ciento durante 2025 en comparación con el período anterior a la guerra, iniciada en octubre de 2023.
Las tasas de desempleo superaron el 80 por ciento y las de pobreza aumentaron a más del 90 por ciento de la población, indicó.
Qamar resaltó que cientos de miles de familias perdieron sus principales fuentes de ingresos, mientras que los agricultores y los pequeños empresarios sufrieron graves pérdidas económicas.
El peligro de estos indicadores no reside solo en la magnitud de la destrucción, sino también en el desmantelamiento gradual de la economía, estimó.
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