El delantero portugués, que elevó a 974 su cuenta goleadora histórica, convirtió una noche de presión en una consagración largamente postergada, besando el escudo mientras un Al Awwal Park en trance coreaba su nombre.
La Liga saudí se rinde así ante una figura que había acumulado frustraciones desde su llegada en 2023, entre subcampeonatos domésticos, finales perdidas y una reciente herida continental aún abierta.
El partido transitó entre sobresaltos y redenciones, hasta que Ronaldo emergió en el momento decisivo con un gol de falta y otro de oportunismo puro, sellando el triunfo que valía una corona.
La escena final fue un retrato de catarsis: el capitán sustituido entre ovaciones, los ojos húmedos y la sensación de haber derribado una barrera inusual en su carrera.
Con este trofeo, el número 34 en su palmarés, el luso vuelve a inscribir su nombre en la lógica del triunfo que dominó en Inglaterra, España e Italia, ahora trasladada al fútbol saudí.
A los 41 años, y tras 124 goles en el país árabe, Ronaldo reescribe su narrativa reciente, dejando atrás la sequía y proyectándose con ambición hacia el Mundial de 2026.
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