De acuerdo con el especialista en Ciencias Sociales Rogelio Mata la acusación del Departamento de Justicia por el derribo en 1996 de aeronaves hostiles de la organización Hermanos al Rescate en territorio soberano de la isla, no puede interpretarse únicamente como un procedimiento judicial.
Mata explicó en un artículo publicado por el diario Bayano Digital que, en esta ocasión, los pueblos de América Latina y el Caribe están ante un acontecimiento profundamente político, simbólico y geopolítico que revela tanto las tensiones internas de la política estadounidense como la persistencia histórica del conflicto entre Washington y La Habana.
Para el académico, aunque la actual administración del presidente estadounidense, Donald Trump, ha negado públicamente que exista una intención de escalada militar contra Cuba, la magnitud política de esa decisión judicial resulta evidente.
Mata recordó que en este caso la arremetida en contra de quien forma parte de la generación fundadora de la Revolución triunfante en 1959 y uno de los símbolos históricos más importantes de ese ciclo de trasformaciones sociales de la región en el siglo XX.
Por esa razón, señala, se busca desmontar no sólo la estructura institucional de la Revolución, sino también su legitimidad histórica y moral ante el mundo.
A juicio de Mata, el proceso no puede comprenderse sin observar el escenario interno estadounidense, particularmente el estado de Florida, en el que desde hace décadas, la cuestión cubana ocupa un lugar central en la política electoral.
De hecho, el voto cubanoamericano, especialmente el sector anticastrista, ha sido determinante para la consolidación del Partido Republicano en ese estado, recuerda.
En ese contexto, añade, endurecer la política hacia Cuba refuerza la narrativa de “mano dura” frente al socialismo, moviliza emocionalmente a sectores conservadores latinoamericanos y fortalece el liderazgo de Trump dentro de un electorado marcado por las experiencias del exilio y la memoria de la Guerra Fría.
Por otro lado, comenta el autor, para amplios sectores de América Latina, África y el llamado Sur Global, Raúl y Cuba representan resistencia frente a la hegemonía estadounidense, soberanía nacional y continuidad histórica de un proyecto revolucionario que sobrevivió al colapso de la Unión Soviética y a más de seis décadas de bloqueo económico impuesto a la isla.
Ahí reside precisamente el núcleo de la disputa actual: la batalla por la memoria histórica, agrega.
En otras palabras, precisa, no se está discutiendo solamente un hecho ocurrido en 1996, sino el significado histórico de la Revolución cubana dentro de la conciencia política latinoamericana.
En su opinión, la administración Trump parece consciente de los riesgos de una confrontación abierta. De ahí que el propio presidente haya negado públicamente cualquier intención de escalada militar.
Una intervención directa contra Cuba generaría rechazo continental, crisis migratoria, tensiones diplomáticas hemisféricas y una posible reactivación de sentimientos antiestadounidenses en la región, subraya el analista.
En ese sentido alerta que todo indica que la estrategia se orienta más hacia mecanismos de coerción híbrida: sanciones económicas, aislamiento financiero, presión judicial, desgaste diplomático y guerra narrativa.
El objetivo parecería ser una transición política gradual desde una posición de máxima presión, subraya.
Pero mientras más Washington intenta debilitar el símbolo histórico, concluye, más contribuye a reactivar su dimensión mítica en sectores que continúan viendo a Cuba como un emblema de soberanía y resistencia antimperialista.
En ese sentido, señala que los pueblos de la región no observan únicamente un conflicto jurídico entre dos países, sino el choque entre dos memorias históricas irreconciliables que siguen disputándose el sentido político de América Latina en pleno siglo XXI.
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