En un comunicado, la cancillería iraní condenó los ataques perpetrados contra un petrolero iraní en el estrecho de Ormuz y una torre de comunicaciones ubicada en la isla de Qeshm.
Según Teherán, estas acciones constituyen una violación del acuerdo de alto el fuego temporal vigente entre Irán y Estados Unidos.
La nota oficial afirmó que Washington utilizó territorio e instalaciones de países de la región para llevar a cabo las operaciones militares y sostuvo que Kuwait y Baréin tienen una “responsabilidad directa y clara” en los hechos denunciados.
Asimismo, advirtió que cualquier Estado que permita el uso de su territorio, aguas territoriales, espacio aéreo o infraestructuras para realizar ataques contra Irán incumple el derecho internacional y los principios de buena vecindad.
Las declaraciones iraníes se produjeron después de que Baréin informara la interceptación y destrucción de tres misiles y drones iraníes que, según las autoridades de ese país, tenían como objetivo instalaciones civiles. Kuwait también anunció la interceptación de proyectiles y aeronaves no tripuladas lanzadas desde territorio iraní.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó ataques contra lo que describió como bases e instalaciones militares estadounidenses en Kuwait y Baréin, presentándolos como una respuesta a las acciones contra el petrolero y la isla de Qeshm.
De acuerdo con las autoridades iraníes, estas operaciones forman parte de la respuesta a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, conflicto que, según Teherán, ha provocado más de tres mil muertos.
Irán también ha efectuado ataques contra objetivos que identifica como intereses y bases estadounidenses en varios países árabes, algunos de los cuales han causado víctimas civiles y daños a infraestructuras, situación que ha generado condenas y llamados al cese de las hostilidades por parte de los gobiernos afectados.
Pese a la entrada en vigor de un alto el fuego el pasado 8 de abril, Washington y Teherán continúan inmersos en complejas negociaciones para intentar poner fin al conflicto, en un contexto marcado por la persistencia de incidentes militares y la incertidumbre sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo duradero.
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