Difundida por la Fundación Oswaldo Cruz, el Centro de Integración de Datos y Conocimientos para la Salud y otras instituciones académicas, la investigación presenta evidencias sobre los efectos positivos del principal programa de transferencia de ingresos del país en la salud de féminas y niños.
Según los investigadores, la reducción de la mortalidad relacionada con el embarazo, el parto y el posparto está asociada al mayor acceso de las favorecidas a los servicios de salud y al seguimiento prenatal, mediante las condiciones establecidas para la permanencia en el programa.
Tales resultados forman parte de un conjunto de estudios que analizan los impactos de Bolsa Familia en distintos indicadores sanitarios y sociales desde su creación en 2003, considerada una de las principales políticas públicas de combate a la pobreza en América Latina.
Dicha investigación también identificó efectos positivos en la prevención y el tratamiento de enfermedades asociadas a condiciones de vulnerabilidad económica.
Entre los beneficiarios del programa, la incidencia de tuberculosis fue un 41 por ciento menor y el riesgo de muerte después del diagnóstico disminuyó en un 31 por ciento.
Los estudios revelaron, además, que los participantes de Bolsa Familia presentan un riesgo 41 por ciento menor de desarrollar VIH/sida y una probabilidad 39 por ciento inferior de fallecer por esa causa en comparación con personas de características socioeconómicas similares que no reciben el beneficio.
Otros indicadores muestran que el programa contribuye a reducir en 11 por ciento la probabilidad de que los bebés nazcan con bajo peso y disminuye en 17 por ciento el riesgo de retraso en el crecimiento infantil.
Asimismo, se observaron mejorías relacionadas con la nutrición y la prevención de enfermedades crónicas.
Los especialistas destacaron que las transferencias de ingresos condicionadas alivian la pobreza inmediata y facilitan el acceso de las familias a servicios básicos de salud y educación, generando efectos de largo plazo sobre la calidad de vida de la población más vulnerable.
Brasil busca reducir su tasa de mortalidad materna, que actualmente se sitúa, según datos oficiales, en 56,4 fallecimientos por cada 100 mil nacidos vivos.
Para expertos y autoridades, las evidencias refuerzan la importancia de mantener y ampliar políticas de protección social orientadas a las familias de bajos ingresos, especialmente en áreas donde persisten desigualdades en el acceso a servicios de salud y atención materno-infantil.
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