Gritos, cánticos, vuvuzelas y todo tipo de manifestaciones de júbilo recorrieron los barrios como parte de la alegría que experimentan los amantes del deporte de las multitudes en la nación neogranadina.
Con su victoria de ayer, los cafeteros clasificaron matemáticamente, con seis puntos, a los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo en un desafío en el que Daniel Muñoz se coronó como único goleador frente a una loable resistencia del equipo africano.
Ya sin sobresaltos, ahora todos los ojos están puestos en el encuentro del próximo sábado contra Portugal, una selección a la que analistas colombianos calificaron como el gran rival a vencer en esta primera etapa.
Los aficionados del fútbol en Colombia viven el Mundial con verdadero fervor.
El orgullo patrio los hace sentir ganadores antes de cada partido, mientras visten la camiseta amarilla que distingue a los representantes del país sudamericano y adornan con banderas sus casas y vehículos.
La fiesta futbolera es hoy casi fiebre en Colombia que crece con cada victoria y contagia incluso a quienes no depositan en ese deporte la misma pasión.
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