El homenaje tuvo lugar bajo el Árbol de la Vida, sitio donde reposan las cenizas del autor junto a las del insigne pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, a quienes unía una amistad que trasciende la muerte.
En nombre de la Fundación Guayasamín, Berenice Guayasamín, hija del artista de la plástica, recordó el vínculo que unió durante décadas al escritor y a su padre, quienes decidieron que sus restos descansaran juntos para «tener el tiempo infinito de seguir conversando».
Recordó que hablaban mucho de los conflictos del mundo y afirmó que aunque hayan pasado los años, las obras de ambos creadores mantienen plena actualidad y deben acercarse a las nuevas generaciones.
En el evento, que contó con la presentación del Coro Pichincha, el presidente de la Fundación Jorge Enrique Adoum, Juan Esteban Polit, afirmó que la conmemoración trasciende el aniversario del nacimiento del escritor.
«La verdadera literatura no corre detrás del tiempo. Los libros no cumplen años, suman lectores», añadió al destacar el trabajo realizado para preservar la obra del autor y acercarla a nuevas generaciones de lectores, editores e investigadores.
La ceremonia reunió música, poesía y memoria. Registros audiovisuales inéditos de Pocho Álvarez permitieron escuchar a Adoum leer sus propios poemas, mientras varios escritores ecuatorianos también ofrecieron lecturas de su obra en un ambiente de recogimiento y celebración.
El presidente del colectivo La Minga por la Memoria, Pablo Salgado, sostuvo que el homenaje también constituyó una reivindicación del papel del arte y la cultura en la sociedad.
“Estamos para recordarlo, honrar su poesía y su obra. Con música y poesía, con cariño, alegría y vodka lo homenajeamos hoy”, afirmó Salgado, quien comentó que las actividades por el centenario se extenderán durante varios días en Quito y otras ciudades del país como Riobamba, Tulcán y Latacunga.
Nacido el 29 de junio de 1926 en Ambato, Jorge Enrique Adoum es considerado una de las figuras fundamentales de la literatura ecuatoriana contemporánea.
Entre sus obras más reconocidas figura “Entre Marx y una mujer desnuda”, además de poemarios, ensayos y textos teatrales traducidos a una docena de idiomas.
Ganador del Premio Casa de las Américas en 1960 y nominado al Premio Cervantes, Adoum hizo de la literatura una herramienta para retratar las desigualdades sociales y reflexionar sobre la identidad latinoamericana.
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