sábado 1 de agosto de 2026

LOS JUEGOS DEL CENTENARIO
JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE

SANTO DOMINGO, REPúBLICA DOMINICANA 
24 de Julio al 8 de Agosto de 2026

JCC Santo Domingo 2026: el reto de convertir inversión en legado

JCC SANTO DOMINGO 2026
Santo Domingo, 31 jul (Prensa Latina) Los grandes eventos deportivos siempre generan el mismo debate: mientras unos celebran el espectáculo, otros ponen el foco en el costo, pero en medio de ambas posiciones surge hoy una pregunta: ¿qué ocurre cuando se apaga el pebetero?

Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, que acoge República Dominicana, reúnen a unos seis mil 200 de 37 países y territorios, con competencias en 40 deportes. La magnitud del certamen trasciende el ámbito deportivo y obliga a valorar su impacto desde una perspectiva económica y social.

Las cifras ayudan a entender esa dimensión. El Estado destinó alrededor de 160 millones de dólares a la construcción y remodelación de instalaciones deportivas, organización y preparación de atletas, una inversión que solo tendrá sentido si esos espacios permanecen activos una vez concluya la competencia y continúan sirviendo a deportistas y comunidades.

La historia demuestra que el verdadero fracaso de muchos eventos internacionales no ocurre durante su celebración, sino años después, cuando estadios y complejos deportivos terminan abandonados o subutilizados.

Sin embargo, el legado no depende únicamente del cemento. Los Juegos movilizan a más de seis mil 200 atletas, cerca de tres mil entrenadores, técnicos y personal de apoyo, además de miles de voluntarios.

Ese movimiento genera una demanda que beneficia a hoteles, restaurantes, transporte, comercios y otros servicios, mientras fortalece un segmento de creciente importancia: el turismo deportivo.

No es un mercado menor. Según organismos internacionales, esta modalidad representa cerca del 10 por ciento del gasto turístico mundial y mueve una industria valorada en más de 1,3 mil millones de dólares.

Para economías con una fuerte vocación para atraer este tipo de visitantes — como la dominicana— constituye una oportunidad para diversificar la oferta y reducir la estacionalidad del sector.

Existe además un impacto menos visible, aunque igualmente significativo. Más de cuatro mil personas vinculadas a las industrias culturales y creativas participan en la organización del certamen, desde productores audiovisuales y diseñadores hasta músicos, escenógrafos y artistas. El deporte, así, demuestra que también es identidad, empleo e innovación.

Pero ninguna de esas oportunidades está garantizada. La verdadera huella dependerá de la capacidad para administrar las instalaciones, mantener los programas de desarrollo deportivo, aprovechar la experiencia organizativa y convertir la visibilidad internacional en nuevos eventos, inversiones y asistentes.

Las medallas alimentan el orgullo nacional y ocupan las portadas. El legado, en cambio, se mide con el paso de los años. Cuando concluya Santo Domingo 2026, esa será la competencia que realmente comenzará.

mem/mpv

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