Fidel y sus profecías

Washington, 13 ago (Prensa Latina) Bajo la dirección de Fidel Castro, el empuje del caso de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos, que durante años guardaron injusta prisión en Estados Unidos, rebasó fronteras.

Por Deisy Francis Mexidor

Cientos de miles de personas de buena voluntad, a todo lo ancho del espectro político, se sumaron a la causa y confiaron en una frase-profecía expresada por Fidel que se convirtió en brújula y sentencia en la batalla por devolverlos a casa: “Solo les digo una cosa. ¡Volverán!”

Cuando se cumple el centenario del natalicio del líder de la Revolución cubana (1926-2026), lo recuerda en reflexiones para Prensa Latina René González Sehwerert, quien, junto a Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez y Fernando González Llort, protagonizó una de las páginas más dignas de la historia reciente de la isla.

“El lunes 14 de septiembre de 1998, por primera vez desde nuestros arrestos, el sábado anterior, nos pudimos reunir los que luego seríamos acusados en el caso que finalmente se conoció como los Cinco de Miami”, dijo.

Era la primera aparición en la corte federal, en lo que luego sería un larguísimo proceso, y una historia más larga aún, añadió, pero “dejando de lado los acusados que decidieron deslindarse —historia que no viene al caso—, quienes finalmente terminaríamos siendo conocidos como los Cinco nos identificamos tras las primeras palabras”.

En aquella conversación, que apenas comenzada definió nuestra disposición de ánimo ante el vía crucis que se nos echaba encima, salieron a relucir tres antecedentes históricos que servirían de basamento a nuestra decisión de ese momento, comentó.

Primero —enfatizó— “la historia me absolverá, el compromiso de no dejar solo al Che en la cárcel Miguel Schultz, previo a la salida del Granma, y la decisión de no abandonar al timonel del yate, Roberto Roque, cuando pocas horas antes del desembarco cayó al mar”.

En cada uno de aquellos antecedentes surgía como protagonista la figura de Fidel, porque en aquellos aciagos momentos, en que la única expectativa sobre nuestro futuro era la incertidumbre, en los Cinco anidaba la más absoluta confianza en que Fidel, fiel a sus principios, nunca abandonaría a su suerte a quienes defendían a Cuba, a su pueblo y a la Revolución.

Desde luego, sabíamos desde el primer día que la batalla sería dura, subrayó el también Héroe de la República de Cuba.

Mirándolo a través del prisma de la historia, no era el mejor momento para verse involucrado en un proceso como aquel, explicó González Sehwerert.

“La Unión Soviética había desaparecido, la nación cubana no disponía, como en otros tiempos, de aliados políticos, el ambiente entre la contrarrevolución ‘miamiera’ y dentro del establishment político norteamericano no podía ser más hostil, el horizonte no podía presentarse más oscuro, y las perspectivas de una solución política eran casi nulas”.

Además, rememoró, “faltaba un par de años para que la balanza latinoamericana se moviera, empujada por Hugo Chávez, hacia la izquierda”.

Pero los Cinco contábamos con la enorme confianza que nos inspiraba Fidel, afirmó al apuntar que “el camino hacia el reconocimiento público de las lealtades de los Cinco fue largo y azaroso”.

Las señales, y luego mensajes, desde Cuba se fueron sucediendo de maneras muy sutiles primero, y poco a poco haciéndose más patentes, en lo que se perfilaba la estrategia de defensa y nuestra admisión del propósito que nos había llevado a Miami.

“Finalmente, una vez terminada la fase del juicio oral, tanto el Comandante como nosotros cinco nos vimos librados del secreto. Y entonces se pronunció Fidel”, señaló.

Fue el “23 de junio de 2001, en el municipio habanero del Cotorro”, cuando se “produjo la primera tribuna abierta relativa al caso; en ella, Fidel pronunció una frase que se haría célebre: ‘Solo les digo una cosa: ¡Volverán!’”, acotó René.

“Para nosotros, los Cinco, que escuchamos la intervención desde nuestras celdas, aquellas palabras resultaron en un enorme estímulo y en la confirmación de nuestra confianza en el Comandante”, puntualizó.

Agregó que para los familiares de los Cinco y para el pueblo cubano “resultaron en una orden de combate, y en el inicio de una campaña que poco a poco iría movilizando la conciencia del mundo, y sumando personas de todos los credos políticos, religiosos y filosóficos”.

“Para Fidel, además de todo lo anterior, representó algo más: un nuevo propósito al que dedicar toda su enorme voluntad, sus energías y su tiempo. Una batalla más contra el imperialismo, otro reto político que vencer, la oportunidad de lanzarse a la búsqueda de la justicia, como tantas otras veces, y de vencer en el terreno moral, nuevamente, al imperialismo yanqui”, subrayó.

Y así se entregó Fidel a la lucha por la liberación de los Cinco, poseído de la idea y de la meta que se había propuesto, expresó al insistir que “con el paso del tiempo la patraña jurídica en que se había convertido el proceso fue pesando sobre los hombros del gobierno norteamericano, hasta que las condiciones se revelaron insostenibles para Washington”.

Así, en medio de sus enormes ocupaciones como jefe de Estado, Fidel se convirtió en parte de nuestras familias, dominando los elementos del caso y trocándose en el más fuerte exponente de la campaña por nuestra liberación, confesó René, quien cumplió su arbitraria sentencia íntegramente.

Al referirse al jefe de la Revolución cubana, apuntó que “el enorme peso de su moral y de su estatura política multiplicó exponencialmente las voces que exigían justicia en todo el planeta, y movilizó organismos, personalidades, parlamentos y juristas en un solo reclamo”.

“El 17 de diciembre de 2014 regresaron, sin haber cumplido sus condenas, los últimos tres de los Cinco. Poder disfrutar de esa victoria, con Fidel vivo para presenciarlo, fue una de las más dulces sensaciones para nosotros”, agregó.

“Poder visitarle tiempo después, y haber intercambiado algunas horas con él, quedará para nosotros como una de nuestras más preciadas memorias”, sentenció.

El regreso de los Cinco reivindicó la fe, casi ciega, que compartiéramos en fecha tan temprana como dos días después del arresto (12 de septiembre de 1998), indicó el antiterrorista cubano.

Para René González, “representó también la validación de la confianza que Fidel depositó en nosotros, cuando arriesgó su palabra ante el mundo desde aquella tribuna del Cotorro, y nos proveyó del orgullo de haberle dado, en el ocaso de su vida, aquella postrera y resonante victoria. Nadie como él para merecerlo”.

jha/dfm

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