Porta Portese, lugar de encuentro de Italia y el mundo

Roma, 30 ago (Prensa Latina) Con sus bondades y urgencias, el mundo cabe hoy en el Mercado de Porta Portese, entre los espacios más atractivos de la llamada Ciudad Eterna, tan concurrido los domingos como el Coliseo en los tiempos del imperio romano.

Por: Mario Muñoz Lozano

Sin llegar al «Ave, Caesar, morituri te salutant» (Salve César, los que van a morir te saludan), el lugar acoge desde la mañana hasta el mediodía, una maratón con cientos de personas de diversos colores, olores, orígenes, elecciones sexuales, políticas y religiosas que lo mismo van tras una camisa, un equipo de audio o un juego de sábanas, eso sí, al menor precio posible.

Con una vasta área entre la Piazza Ippolito Nievo en la parte superior, la via Ettore Rolli a la izquierda y la Portuense a la derecha, el sitio en el barrio de Trastévere tomó su nombre de la puerta del siglo XVII, construida para reemplazar la antigua Porta Portuensis.

Así se estableció alrededor de 1945, dando continuidad al mercado negro que antes radicaba en la zona de Campo de’ Fiori, donde se vendían y compraban todo tipo de mercancías.

Más allá de su indiscutible encanto histórico y comercial, el barrio vive orgulloso de su papel en una de las secuencias más dramáticas y famosas del filme Ladrones de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, uno de los clásicos del neorrealismo italiano.

Ganadora del Oscar a la Mejor película de habla no inglesa en la edición de 1950, la obra obtuvo entonces otros importantes galardones del cine internacional.

En la cinta, al protagonista Antonio Ricci le roban la bicicleta que necesitaba desesperadamente para conservar su nuevo empleo. Tras una búsqueda fallida en la Piazza Vittorio, se traslada junto a su hijo Bruno al mercado de Porta Portese, que luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), entonces centro del mercado negro y sitio donde se vendían e intercambiaban piezas y bicicletas robadas.

Allí la secuencia se destaca porque el protagonista ve fugazmente al ladrón hablando con un anciano. Sin embargo, la búsqueda se frustra cuando comienza a llover fuerte, lo cual obliga a los vendedores a recogerse, permitiendo que el culpable escape entre la multitud.

Como homenaje a esta obra cumbre del cine mundial, en la Piazza di Porta Portese se instaló una placa conmemorativa que recuerda a los visitantes que en esas mismas calles se filmó el desesperado recorrido de Antonio y Bruno.

El mercado callejero dominical de Porta Portese es todavía hoy el más grande y popular de Roma y lo han inmortalizado también los filmes Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini; I soliti ignoti (Los sospechosos habituales), de Mario Monicelli; y la canción homónima de Claudio Baglioni, entre otras obras de poetas, cineastas y cantautores.

Corrieron 78 años desde que se filmó Ladrones de bicicletas, pero el sentido del lugar no ha variado mucho; en sus cerca de dos kilómetros de calles repletas de sombrillas, carpas y techos improvisados se instalan con sus productos a bajos precios, vendedores nacionales y extranjeros, en una auténtica mezcla de voces y culturas.

Aquí los anuncios de rebajas y regateos se disfrutan en un italiano que pondría en aprietos a Dante Alighieri, Giovanni Boccaccio, Italo Calvino, Elena Ferrante, u otro grande de la lengua; y lo mismo se va con un abrigo de piel que con un clásico de la literatura universal.

Muchos se preguntan cómo tantos comerciantes ambulantes, vendedores de siempre, lo mismo informales que aficionados, gente tan distinta, logra montar y desmontar tantos puestos sin entrar en conflictos, entre la mañana y el mediodía del primer día de cada semana.

Se trata de una urdimbre de nacionalidades que se funde, a su vez, con compradores de los más diversos países llegados aquí en busca de un recuerdo o un regalo con que volver a casa.

O simplemente para vivir la experiencia, porque en este lugar de Roma coincide mucha gente distinta, pese a dilemas nacionales como la crisis demográfica de envejecimiento sin reemplazo generacional y la falta de mano de obra que obliga a abrir vías para cientos de miles de visados legales. Del otro, el rechazo político a la inmigración irregular.

El gobierno italiano intenta frenar las llegadas descontroladas y externalizar el asilo, mientras reconoce la necesidad urgente de trabajadores extranjeros para sostener su economía y los servicios públicos, reto que de manera natural fluye hoy en el Mercado Porta Portese, aluvión de calles y gentes imposible de contener, y que en medio del intenso calor de este agosto transpiran mundo.

ro/mml

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