La investigación realizada por el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) de Italia analizó un fuerte temporal registrado el 13 de diciembre de 2024 sobre el aeropuerto romano de Fiumicino Leonardo da Vinci, la cual durante unas tres horas de intensa actividad provocó al menos ocho desvíos de vuelos, además de demoras y circuitos de espera.
El estudio, publicado en la revista científica británica Atmospheric Science Letters, de la Royal Meteorological Society, comparó situaciones atmosféricas similares a las registradas durante aquel episodio en dos períodos: 1979-2000 y 2002-2023, con resultados demostrativos de un significativo cambio en el contexto termodinámico en que se desarrollan estos fenómenos.
Durante el período más reciente, la temperatura del aire aumentó alrededor de dos grados Celsius en amplias zonas de Italia, mientras la temperatura superficial del Mediterráneo se elevó aproximadamente 1,5 grados en buena parte de la cuenca.
Los investigadores detectaron además modificaciones en la cizalladura del viento —cambios bruscos en su dirección e intensidad— y en las ráfagas, así como una reducción de la visibilidad, factores relevantes en fases críticas de las operaciones aéreas.
Según Tommaso Alberti, investigador del INGV y principal autor del estudio, el resultado más relevante no es necesariamente un cambio en las configuraciones atmosféricas capaces de generar estos episodios, sino en el contexto climático en que ocurren.
Un Mediterráneo más cálido aporta mayores cantidades de calor y humedad a la atmósfera, lo que incrementa la energía potencial disponible para el desarrollo de tormentas muy intensas, capaces de producir precipitaciones fuertes, ráfagas de viento y una reducción de la visibilidad, explicó.
El caso de Fiumicino resulta especialmente significativo por haberse producido en diciembre, pues evidencia que las condiciones favorables para una convección (movimiento vertical del aire que transporta calor y humedad) intensa no se limitan a los meses tradicionalmente más cálidos.
Para el investigador, el calor acumulado por el Mediterráneo durante el verano puede persistir en los meses posteriores y contribuir a mantener condiciones propicias para la formación de tormentas durante el otoño y el invierno.
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