El Santo Padre aludió al tormento diario del pueblo haitiano “a causa de los abusos y la violencia de las bandas que controlan parte del país”, durante el rezo del Ángelus en la romana Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.
“Recibimos noticias dramáticas desde Haití sobre la terrible masacre en una iglesia de Kenscoff, en la que fallecieron 47 personas y otras fueron tomadas como rehenes”, declaró el Pontífice, citado por la publicación.
León XIV expresó su “cercanía en oración a las víctimas y sus familias”, y pidió la liberación “inmediata” de “todos los rehenes” secuestrados durante el ataque a la localidad haitiana, de acuerdo con Le Nouvelliste.
También llamó “a todos los que ocupan cargos de responsabilidad para que tomen medidas concretas para garantizar la seguridad de la población y poner fin a todas las formas de violencia”.
Las solicitudes de paz trasmitidas por el papa siguieron a las del obispo haitiano Pierre-André Dumas de Anse-à-Veau y Miragoâne, quien expresó “basta de masacres, esto es demasiado”, en una carta al primer ministro de Haití, Alix didier fils aimé.
Según la misiva, “con Kenscoff, todo Haití volvió a ser crucificado; llega un momento en la historia de una nación en que el silencio se vuelve moralmente imposible. Un Estado existe ante todo –subraya- para proteger a su pueblo”.
Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia comunicó el 28 de agosto que entre las 50 personas raptadas en Kenscoff figuraban seis niños y siete mujeres, quienes fueron liberados este lunes por la banda responsable del ataque en Kenscoff.
Líderes del grupo armado atacante, conocido como Izo 2, amenazaron con ejecutar a todos los rehenes si la Policía Nacional actuaba contra miembros de su pandilla participantes de la operación contra Kenscoff.
mem/apb













