«Fumar se ha considerado una actividad social, pero observamos con frecuencia que las personas con enfermedades relacionadas con el tabaquismo se aíslan y se sienten cada vez más solas», subraya la fuente.
Un primer estudio sugirió que las personas que fumaban se sentían más solas que las que no lo hacían, pero era posible que los resultados estuvieran influenciados por la cultura y las normas sociales.
El equipo del Imperial College de Londres analizó datos de más de 50 mil ciudadanos de 15 países que participaron en la Encuesta sobre Salud y Envejecimiento en Europa.
Los investigadores compararon a personas fumadoras con personas no fumadoras y les aplicaron el mismo cuestionario dos años después.
Descubrieron que los fumadores actuales se sentían más solos que los no fumadores, incluso después de considerar otros factores que podrían influir en los resultados, como la edad o el género.
Los individuos dados a este dañina práctica también experimentaron mayores aumentos de soledad con el tiempo, incluso después de considerar los datos demográficos y su nivel inicial de soledad.
«Fumar se asocia con una mayor soledad en las personas mayores, lo que sugiere que fumar puede dañar la salud psicosocial además de los efectos físicos”, consideraron los expertos.
Los especialistas creen también las enfermedades progresivas relacionadas con el tabaquismo limitan la movilidad, lo que dificulta que las personas accedan a actividades sociales y participen en ellas.
Otro elemento lo constituyen las normas sociales en torno al tabaquismo en presencia de otros sujetos.
“Las prohibiciones de fumar en lugares públicos y los entornos informales libres de humo en los hogares pueden hacer que dichos lugares resulten menos atractivos para los fumadores, lo que podría limitar las posibilidades de interacción social”, concluyeron los científicos.
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