Entre sus trabajos más reconocidos está “Manos anónimas”, serie que aborda el terrorismo de Estado y la violencia política que transformó profundamente su vida y obra.
El pintor, nacido en la ciudad de Mendoza, fue una de las figuras fundamentales del arte argentino del siglo XX. Al morir ee encontraba en su casa de Unquillo, Córdoba; allí vivió décadas y encontró en el paisaje serrano uno de los motivos de su producción de los últimos años.
Su obra está marcada por el expresionismo y por una mirada crítica sobre la realidad argentina. Pobreza, violencia, desigualdades y conflictos políticos, aparecieron reiteradamente en sus pinturas, dibujos y grabados.
La última dictadura cívico-militar marcó de manera trágica su vida y obra. Alonso tuvo que exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada y permanece desaparecida, una tragedia que provocó un profundo cambio en su producción artística.
Su formación comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi.
Su trayectoria recibió numerosos reconocimientos, entre ellos los premios Konex de Platino de 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición que repasó su producción y su diálogo con la tradición pictórica.
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