Su respuesta es una Europa capaz de defenderse, reforzar su soberanía y asumir mayores responsabilidades de seguridad, tras aludir a la declaración, pronunciada el 9 de mayo de 1950, para poner bajo una autoridad común la producción franco-alemana de carbón y acero para hacer imposible otra guerra entre ambos países.
Para el presidente francés, la paz no se decreta, sino que se construye con capacidad de acción, constancia y preparación.
En esa lógica, Macron vinculó directamente la paz europea con el respaldo a Ucrania y con la construcción de una Europa de la defensa, frente a lo que calificó como la agresión militar rusa.
Su planteamiento dibuja así una paradoja: para preservar la paz, Europa debe prepararse para afrontar la posibilidad de la guerra.
Una estrategia que el mandatario galo presenta como defensa del derecho internacional, pero que también supone una apuesta por elevar el peso geopolítico y militar de la Unión Europea (UE).
Su proyecto va más allá del terreno militar: producir, innovar e invertir en Europa para controlar tecnologías y datos; proteger el modelo social; combatir el cambio climático y las injerencias y desinformaciones que, según él, erosionan las democracias.
Macron reivindicó finalmente una Europa soberana, democrática y unida, capaz de no refugiarse en los nacionalismos.
La intervención del jefe de Estado se produjo en un encuentro con el papa León XIV para hablar de la unidad europea, al que invitó a los dirigentes de la UE, celebrado en el Centro de Congreso Robert Schuman, en la ciudad francesa de Metz.
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