Durante una reunión de alto nivel de la Asamblea General, Guterres señaló que 81 años después del bombardeo estadounidense sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, las armas de ese tipo siguen proyectando una sombra sobre la humanidad.
Los arsenales nucleares se están ampliando y modernizando. Resuenan con más fuerza las amenazas de su uso. Justo cuando más se necesitan, se desmoronan las salvaguardias establecidas durante décadas para contener estos peligros, afirmó.
Por primera vez en más de medio siglo, no existen límites vinculantes. Esto socava la seguridad de toda la comunidad internacional. La XI Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación no logró alcanzar un consenso sobre un resultado sustantivo. Asimismo, la Comisión de Desarme de la ONU concluyó una vez más su ciclo trienal sin formular recomendaciones sustantivas, añadió.
Asimismo, alertó que «no se trata simplemente de decepciones diplomáticas, sino de señales de advertencia».
Las luces de alarma están en rojo. El aumento de los riesgos y el deterioro de los mecanismos de contención conducen inevitablemente al desastre. El desarme no es un favor, es una obligación jurídica vinculante consagrada. Es hora de trazar un nuevo camino y los Estados poseedores de armas nucleares deben retomar el diálogo para evitar cualquier uso de las mismas, aseguró. En nombre de los supervivientes devastados por los ensayos nucleares, decimos que ya es hora de que entre en vigor el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.
Instó a todos los países a colaborar de manera constructiva en cualquier esfuerzo que nos acerque a nuestro objetivo común: la eliminación total de los artefactos de ese tipo, dijo.
Esos instrumentos de muerte no deben decidir el destino de la humanidad. Un mundo dividido nunca puede justificar la inacción. Conocemos el peligro y las consecuencias. Sabemos que debemos hacer todo lo posible para cambiar el rumbo. Sustituyamos las amenazas por el diálogo, concluyó.
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