Para los alumnos y sus padres, este crudo ambiente dificulta la concentración, la realización de tareas docentes como la lectura y, en general, el aprendizaje de las lecciones impartidas por los maestros.
La publicación haitiana cita experiencias sobre estudiantes desplazados en uniforme escolar, recién llegados de las escuelas e instalados con sus libros en un pequeño rincón sobre una cama, impedidos para hacer sus deberes en el campamento.
El lugar –describe Le Nouvelliste- les sirve para el descanso y como espacio de trabajo, donde adolescentes de 17 años como Stéphanie cursan el séptimo año de educación básica, y les cuesta continuar sus estudios en estas circunstancias.
“En el campamento –expresa esa joven- hay ruidos e insultos de forma constante, incluso cuando intentamos estudiar”, relata el periódico.
La adolescente comenta que “podría estudiar con mayor tranquilidad si viviera en un entorno más sosegado, mientras su deseo es sencillo: recuperar la paz y poder aprender en un entorno mejor, lejos del ruido y las tensiones del campamento”.
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