Lo que dejaron las urnas en Brasil, opinan dos académicos argentinos

Buenos Aires, 5 oct (Prensa Latina) El balotaje por la presidencia de Brasil, que mantendrá a la región en vilo hasta el 25 de octubre, será entre Lula y la Casa Blanca, coinciden hoy en argumentar dos comentaristas políticos argentinos.

El resultado de esa segunda vuelta entre el líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio «Lula» Da Silva, y Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal, podría cambiar el tinte político de América Latina, donde hoy ocho países tienen gobiernos de sello conservador neoliberal bajo los designios de Washington, refieren los expertos en sendos artículos en el diario Página12.

Un cambio hacia la derecha más ultraconservadora en el mayor país de la región y de más peso económico cambiaría la balanza ideológica hacia la derechización en el hemisferio, y la región entraría a reeditar una época dejada atrás en las décadas de 1970, 1980 y 1990.

“El impulso que tomó la candidatura de Lula da Silva en el tramo final de la campaña tuvo un techo. Con el 99,87 por ciento de los votos escrutados, el hijo del expresidente (Jair Bolsonaro) sacó una diferencia de casi 2 puntos de ventaja, 47,03 por ciento contra el 45,16 del actual mandatario. En votos, eso equivale a alrededor de 2 millones y medio de sufragios de diferencia”, escribe Gustavo Veiga desde Sao Paulo.

Ahora, para cualquier análisis hay que tener en cuenta el elevado ausentismo, 21,8 por ciento de los electores dieron la espalda a las urnas, lo que equivale a 33 millones de votantes. Y a eso se suman los que anularon las boletas, otros cinco millones 975 mil 47 brasileños.

Para Lula asegurar el triunfo en la segunda vuelta, el venidero 25 de octubre, tiene que captar a esos votantes, precisa.

Donde no hubo sorpresas es en cómo se consolidó la ola de extrema derecha en la región –por ahora con final provisorio en Brasil– que, con efecto dominó, ungió a varios presidentes de ese signo político en 2026, señala Veiga.

Menciona primero a Keiko Fujimori en Perú y después a Abelardo de la Espriella en Colombia. A pedir del presidente estadounidense, Donald Trump, y su secretario de Estado Marco Rubio, dos halcones que jugaron fuerte para uniformar el mapa de aliados en América Latina, recuerda.

Su colega Daniel Kersffeld plantea en su artículo El balotaje será entre Lula y la Casa Blanca que, en un contexto difícil, “Lula deberá focalizar el último tramo de esta larga campaña en una confrontación directa contra Flávio Bolsonaro que, de manera inevitable, tendrá un impacto profundo y directo en su relación con el gobierno de Estados Unidos”.

“Donald Trump no perderá la oportunidad para efectuar un golpe electoral en Brasil, no solo para empoderar a su aliado y llevarlo al Palacio de Planalto, sino además para propinarle una humillante derrota a uno de los pocos líderes mundiales que se atrevió a desafiarlo públicamente”, advierte el comentarista.

En materia geopolítica –añade- junto con México, Brasil es la otra pieza latinoamericana codiciada por la Casa Blanca: no solo por sus amplias riquezas y su potencial económico, sino también por su impronta política determinante.

Un triunfo de la ultraderecha no solo facilitaría a Trump presionar para alejar a Brasil de China, sino que además le daría un decidido golpe a los Brics y, en general, a cualquier propuesta progresista y superadora de las actuales condiciones económicas proveniente del Sur Global, interpreta Kersffeld.

npg/mh

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