El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg, es el título de la muestra que sugiere un diálogo entre dos interpretaciones del Infierno del
poeta, pensador y lingüista italiano Dante Alighieri, realizadas con casi un siglo de diferencia desde lenguajes artísticos completamente distintos.
Esta singular visión ofrece el recorrido por los nueve círculos y los 34 cantos del Infierno, que refleja cómo un poema escrito hace más de 700 años tiene una sorprendente vigencia.
Para ello, la Fundación Canal se vale por primera vez de las dos series completas que el francés Gustave Doré y el estadounidense Robert Rauschenberg dedicaron al Infierno.
Son un total de 111 obras: 76 xilografías de Doré y 35 litografías offset de Rauschenberg, en esta exposición comisariada por Lola Durán Úcar, que se completará con un catálogo editado por la institución y que profundiza en este sui-géneris encuentro entre literatura y creación plástica.
La exposición estará abierta al público hasta el 5 de enero de 2027 en los salones muy cercanos de la Plaza Castilla de Madrid. Ofrece dos miradas
contrapuestas: la visión figurativa, dramática y medievalista de Doré y el lenguaje fragmentario, híbrido y contemporáneo de Rauschenberg.
Así lo explicó la comisaria Lola Durán, quien detalló que El Infierno, escrito a comienzos del siglo XIV, es la primera de las tres partes de la
Divina comedia, una de las grandes obras de la literatura universal.
Es una síntesis de la visión del mundo medieval, en la que confluyen religión, filosofía, ciencia y literatura. Este poema ha tenido una influencia extraordinaria en el imaginario occidental y ha inspirado a artistas de distintas épocas y disciplinas, comentó.
Sus personajes y castigos, organizados en nueve círculos, siguen resultando reconocibles porque hablan de cuestiones que continúan formando parte de la experiencia humana: la violencia, el poder, la culpa, el deseo, la avaricia, el fraude o la traición.
La muestra plantea una pregunta: ¿qué tiene el Infierno de Dante para seguir fascinándonos más de siete siglos después? La respuesta puede encontrarse, en parte, en la capacidad de la obra para ser reinterpretada desde la mirada de cada época.
Gustave Doré (1832-1883) fue uno de los ilustradores y grabadores más influyentes del siglo XIX. Sus imágenes sobre el Infierno de Dante se convirtieron en algunas de las representaciones más reconocibles y contribuyeron a fijar su iconografía en el imaginario colectivo occidental.
Rauschenberg, en tanto, transforma a Dante, Virgilio y otros personajes en figuras contemporáneas, convirtiendo el Infierno en un reflejo de la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX y de cuestiones como el poder, la
violencia, la autoridad y la responsabilidad.
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