Tal alerta figura en un análisis del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) sobre los posibles impactos durante el ciclo 2026-2027, considerado entre los más intensos de los últimos años.
Según el reporte, unos 16 millones de niños y adolescentes brasileños enfrentan además tres o más riesgos climáticos simultáneamente, lo que incrementa su vulnerabilidad ante posibles alteraciones en servicios esenciales.
El Niño se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial que modifica los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
Para Brasil, las previsiones apuntan a lluvias por debajo de la media en buena parte del Norte y Nordeste y superiores a lo habitual especialmente en el Sur, además de temperaturas elevadas en prácticamente todo el territorio.
El calor extremo, las sequías, los incendios forestales, las lluvias intensas y las inundaciones pueden afectar la salud, alimentación, acceso al agua, educación y protección de niños y adolescentes, consideró la Unicef.
Recordó que los impactos fueron visibles durante eventos extremos recientes, pues en 2024 las inundaciones en el estado de Río Grande del Sur afectaron la educación de 741 mil alumnos, y la sequía en la Amazonía perjudicó a otros 436 mil.
A criterio de la Unicef, la infancia presenta una vulnerabilidad particular ante las condiciones climáticas extremas debido a que se encuentra en etapa de desarrollo y depende de adultos y servicios públicos para acceder a agua, alimentación, salud, educación y protección.
Frente a este escenario, recomendó fortalecer los sistemas de alerta temprana, preparar servicios y unidades de salud, revisar los planes de emergencia de las escuelas, proteger las fuentes de agua y garantizar medicamentos e insumos esenciales.
También planteó identificar previamente a las familias y comunidades más vulnerables y reforzar los mecanismos de protección social para responder con mayor rapidez ante una emergencia.
Danilo Moura, especialista en clima y medio ambiente del organismo internacional en Brasil, subrayó que esperar al cierre de escuelas o al aislamiento de comunidades para comenzar a actuar significa llegar tarde.
Expertos estiman que la preparación anticipada puede reducir los efectos de los fenómenos extremos y evitar que una emergencia climática termine convirtiéndose en una crisis para la infancia.
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