Esas manifestaciones, apuntó, son más bien una respuesta a 15 años de políticas neoliberales, responsables del deterioro de la enseñanza pública y la reducción de sus posibilidades de garantizar la igualdad.
Mélenchon estima que el desmantelamiento de la educación como servicio público fue metódico: en lugar de asegurar a cada estudiante el acceso al conocimiento y a una formación de calidad, se promovió un sistema competitivo que reproduce las desigualdades sociales.
Además, defendió las protestas como una expresión de madurez política y sindical, vinculada a problemas concretos y a la lucha por el futuro.
La transformación de la enseñanza en un mercado se apoya en la competencia entre centros, los desequilibrios de financiación entre la educación pública y la privada, así como la selección progresiva de los estudiantes, subrayó el político de izquierda.
Frente a este modelo, el líder de la LFI reivindicó una educación pública que priorice el aprendizaje y la adquisición de saberes y rechazó la selección universitaria.
Mélenchon defendió que el conocimiento debe permanecer al alcance de todos y no depender de la capacidad económica de las familias.
A su juicio, la educación es una condición indispensable para el desarrollo del país, especialmente en una época marcada por la inteligencia artificial, la automatización y la renovación constante de las tecnologías productivas, estimó.
En política internacional, Mélenchon advirtió del peligro de una guerra generalizada y reclamó una respuesta clara que permita reunir a la sociedad en torno a la paz.
Además, rechazó que Francia se convierta en cobeligerante en conflictos como los de Ucrania o Arabia Saudita y cuestiona una orientación estratégica que, a su juicio, puede conducir a nuevas confrontaciones.
“No estamos preparando a nuestros hijos y nietos para que mueran”, afirmó el dirigente de la LFI, quien situó la protección de las nuevas generaciones frente a la guerra entre las prioridades políticas.
Por otro lado, cuestionó la dependencia del Estado respecto a los mercados financieros y sostuvo que el endeudamiento francés no debe analizarse al margen de las decisiones políticas que lo generaron.
Propuso cancelar la parte de la deuda francesa que se encuentra en manos del Banco Central Europeo y contempló otras medidas si esa iniciativa no bastara. También criticó a quienes reclaman austeridad mientras, según su argumento, contribuyeron a aumentar la deuda.
En otra parte de su intervención propuso vincular las ayudas públicas a las empresas con compromisos relacionados con la planificación ecológica.
También mencionó la necesidad de alrededor de 300 mil trabajadores para la rehabilitación de viviendas, 200 mil empleos en energías renovables y otros 100 mil vinculados a la transformación de los sistemas eléctricos y la movilidad eléctrica.
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