Menor impacto de sismo en capital panameña, alejada de epicentro

Ciudad de Panamá, 12 oct (Prensa Latina) Las aceleraciones registradas en la capital panameña durante el terremoto de magnitud 7,5 ocurrido el pasado viernes en la península de Azuero fueron considerablemente menores que las medidas en las proximidades del epicentro, trascendió hoy.

De acuerdo con el vicedecano de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), Ramiro Vargas, entre el 85 y el 95 por ciento de la intensidad de la onda sísmica se habría atenuado antes de llegar a la ciudad, situada a unos 208 kilómetros del origen del movimiento telúrico.

El experto precisó a la prensa que los movimientos en la zona epicentral alcanzaron entre el 50 y el 60 por ciento de la gravedad, mientras que en la capital oscilaron entre el cuatro y el nueve por ciento.

Vargas subrayó que la profundidad del sismo, estimada en unos 12 kilómetros, y la distancia respecto a la urbe influyeron en la disminución de las vibraciones, lo cual contribuye a explicar las diferencias en el comportamiento de las edificaciones.

El movimiento, ocurrido en el sistema de fallas de Azuero-Soná, fue estimado en magnitud 7,5 por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y en 7,7 por el Servicio Geológico de Estados Unidos.

“Si este sismo hubiera ocurrido, digamos, en la falla de Pedro Miguel, que estaba a menos de 20 kilómetros de la ciudad de Panamá, la respuesta hubiera sido completamente distinta”, advirtió el ingeniero.

De acuerdo con las evaluaciones preliminares referidas por Vargas, no se observaron daños estructurales significativos en los edificios de la capital, cuyas estructuras habrían respondido de manera elástica, es decir, mediante deformaciones temporales que les permitieron recuperar su posición.

No obstante, aclaró que pueden presentarse afectaciones en elementos no estructurales, como paredes, mosaicos y cielos rasos, y recalcó que la respuesta de las edificaciones capitalinas no puede extrapolarse a las construcciones ubicadas cerca del epicentro.

El experto señaló que el diseño sismorresistente no pretende garantizar que un edificio permanezca intacto ante cualquier terremoto, sino controlar los daños y evitar el colapso para proteger la vida humana.

Las estructuras, explicó, deben contar con capacidad para disipar la energía sísmica mediante deformaciones en zonas previstas para ese propósito, de modo que los daños se desarrollen de manera controlada y disminuya el riesgo de derrumbe.

Vargas recordó que Panamá dispone de un Reglamento Estructural que incorpora criterios de diseño sismorresistente acordes con estándares internacionales y los avances de la ingeniería.

La normativa tuvo su primera versión en 1984 y fue actualizada posteriormente en 1994, 2004, 2014 y 2021.

Sin embargo, advirtió que la existencia de reglas actualizadas no garantiza por sí sola la seguridad de las edificaciones, pues su efectividad depende del cumplimiento de los requisitos técnicos durante el diseño y la construcción, así como de las inspecciones y el mantenimiento.

Entre los factores de riesgo identificó las construcciones informales, las obras ejecutadas sin análisis ni diseño estructural, la falta de fiscalización y el deterioro de los inmuebles por ausencia de mantenimiento.

rc/ga

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