Una «purga» da inicio en Colombia a la contrarrevolución cultural

Bogotá, 16 oct (Prensa Latina) La retirada del Museo Nacional de obras alusivas a movimientos Lgbtiq+ y feministas, a la violencia política contra el partido Unión Patriótica y al Acuerdo de Paz marca hoy “la contrarrevolución cultural” anunciada por Abelardo de la Espriella.

Según informó ayer el presidente del país, “el gobierno asume una lucha abierta y frontal contra el wokismo”, término derivado de la palabra en inglés woke (despierto) que designa una postura de conciencia activa frente a las injusticias sociales, especialmente el racismo, la desigualdad de género, la homofobia y la discriminación.

El mandatario, sin embargo, dio una acepción diferente al vocablo.

“Vamos a cometer una lucha abierta, decidida y patriótica contra el wokismo, que no es más que una corriente ideológica que apunta a transformar los fundamentos morales, culturales y sociales en Occidente, pervirtiendo los valores, la tradición familiar, la identidad nacional”, definió.

Añadió, en tono intimidante, que la referida corriente “desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, falsifica la historia reduciéndola a una sucesión de pugnas entre opresores y oprimidos”.

El gobernante, que a menos de 10 semanas de llegar al poder enfrentó protestas multitudinarias en su contra en varias de ciudad de Colombia, y cuya popularidad va en picada, según una encuesta divulgada la víspera, fue muy claro en torno a sus objetivos.

“Ellos quieren contar la historia como les da la gana y no como la historia ocurrió. Y eso, por supuesto, lo vamos a corregir en este gobierno. Se acabó la perversidad de convertir la cultura en mecanismo de adoctrinamiento sobre todos los niños y adolescentes de Colombia”, afirmó.

Mientras el jefe de Estado planteaba en su alocución que “el wokismo es uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional y a la sociedad colombiana”, diversos colectivos y organizaciones progresistas denunciaban el desmantelamiento de varias salas del Museo Nacional.

Los salones en cuestión ofrecían un repaso ecléctico de la historia reciente de Colombia.

Estaban allí objetos alusivos a figuras como Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial por el partido de izquierda Unión Patriótica (UP), asesinado en marzo de 1990 en Bogotá y Carlos Pizarro, máximo comandante del grupo guerrillero Movimiento 19 de Abril (M-19) y asesinado mientras hacía campaña presidencial también en 1990.

Con respecto a la omisión en el museo de esta última figura no hubo sorpresas.

De la Espriella fue claro: “Le he dado instrucciones a la señora ministra para que toda esa oda al terrorismo en la que aparece Pizarro y demás terroristas sea desaparecido de los lugares públicos. (…) En este gobierno se acabó”.

El exministro de Educación Daniel Rojas recordó que Carlos Pizarro fue un candidato presidencial carismático y muy querido por el pueblo.

“Al fascismo le asusta la historia y la memoria de quienes la cambiaron. Por eso queman libros, profanan museos y eliminan la cultura. Son brutos y quieren que la gente sea igual de bruta. (…) Nos corresponde enfrentar a los brutos con mucho arte, las palabras son más poderosas que las balas”, escribió en X.

Los símbolos de la izquierda no fueron las únicas víctimas de la “purga”.

Otras obras alusivas a los derechos de movimiento Lgbtiq+ fueron también removidas, así como otras relacionadas con la firma del Acuerdo Final de Paz de 2016.

Para el expresidente Ernesto Samper (1994-1998), con sus anuncios, el jefe de Estado expidió el certificado de defunción del Ministerio de Cultura.

“Ahora será el Ministerio de la Guerra Cultural contra las minorías social y culturalmente excluidas y defenderá la ‘identidad social’ única a la cual nos debemos sumar todos. ¡Qué tristeza!”, lamentó en su cuenta de X.

De acuerdo con De la Espriella, el hoy Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, nombrado así por el anterior gobierno para cobijar la pluralidad de las manifestaciones artísticas, será llamado Ministerio de Cultura y Patrimonio, porque la palabra patrimonio “es un golpe directo al wokismo y a la ideologización de la cultura”.

En un aviso de cuáles son sus prioridades en el ámbito cultural, añadió que la protección del patrimonio religioso no debe ser vista como un asunto meramente confesional.

“Las iglesias, conventos, el arte sacro, los archivos eclesiásticos, la música religiosa y las manifestaciones de religiosidad como las procesiones, por ejemplo, son parte fundamental de la cultura colombiana”, sentenció.

mar/ifs

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