La medida tiene como objetivo optimizar la respuesta operativa y acompañar al sector productivo.
Persigue centralizar el trabajo entre el gobierno nacional, las intendencias, los Comités Departamentales de Emergencias (CDE) y los Centros Coordinadores de Emergencias Departamentales (Cecoed), reforzando de manera estratégica el Sistema de Alerta Temprana frente a eventuales adversidades meteorológicas.
La iniciativa se enmarca en una política preventiva que procura anticipar escenarios de riesgo climático, asegurar que la información técnica y los recursos disponibles lleguen de forma oportuna a los productores de todo el país.
Esta semana el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) afirmó que El Niño está “firmemente” instalado en el país.
El instituto se suma a un informe de la Organización Meteorológica Mundial, cuyas previsiones indican una probabilidad cercana al 100 por ciento de que el evento climático persista hasta febrero de 2027. A nivel nacional, la zona más afectada será el norte del país, donde habrá mayor continuidad de lluvias intensas.
Se esperan que desde Brasil lleguen fuertes precipitaciones hacia los cursos fluviales aguas arriba de la cuenca del río Uruguay.
Inumet precisó que durante el primer trimestre del período asociado a El Niño (agosto, septiembre y octubre) el sur del país registró una respuesta diferente, con lluvias por debajo de lo normal.
Sin embargo, para noviembre y diciembre precipitaciones más intensas se extenderán a todo el territorio.
A fines de septiembre un temporal con vientos por encima de los 120 kilómetros por hora, granizo y lluvias dejó pérdidas millonarias en cosechas e infraestructura de productores hortícolas, que merecieron la emergencia de granja por parte del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Ello provocó alza en productos, importaciones y la decisión gubernamental de ayudar financieramente a los agricultores afectados, sobre todo en el norteño departamento de Salto.
El Niño Oscilación del Sur (ENOS) es un patrón climático que consiste en fluctuaciones periódicas —cada dos a siete años— en la temperatura de la superficie del mar y la presión atmosférica en el océano Pacífico ecuatorial.
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