En declaraciones al diario La Prensa, el especialista recomendó mantener la calma cuando comienza un temblor y esperar a que disminuya antes de iniciar el desalojo desde un edificio, pues bajar por las escaleras durante el movimiento puede representar un riesgo.
Correa consideró insuficiente la preparación del país ante este tipo de emergencias y abogó por organizar simulacros, establecer señalizaciones adecuadas y mejorar la información dirigida a la población.
El experto también señaló deficiencias constructivas entre las causas de los daños registrados en las provincias de Veraguas, Herrera y Los Santos, donde numerosas edificaciones presentaron afectaciones por el movimiento telúrico.
A su juicio, no basta con disponer de reglamentos estructurales; es necesario garantizar su cumplimiento y supervisar tanto el diseño como la ejecución de las obras, especialmente en viviendas levantadas mediante autoconstrucción.
El presidente de la SPIA defendió además el fortalecimiento de los gobiernos locales para mejorar la fiscalización de las construcciones y atender las particularidades de las comunidades rurales, donde persisten mayores dificultades para acceder a asesoramiento técnico.
Por otra parte, subrayó que Panamá cuenta con normas estructurales que han evolucionado a partir de experiencias sísmicas anteriores, pero sostuvo que la prevención, la supervisión y la formación ciudadana siguen siendo fundamentales para reducir los riesgos ante futuros terremotos.
La pasada semana, el presidente panameño, José Raúl Mulino, anunció que el país fue incluido, mediante la cooperación con Google, en el Sistema de Alertas Sísmicas de Android, una herramienta gratuita diseñada para advertir sobre terremotos.
En un mensaje publicado en la red social X, el mandatario destacó que la tecnología permite detectar movimientos telúricos y avisar a la población antes de la llegada de las ondas sísmicas más fuertes.
El potente sismo del 9 de octubre ocurrió a las 12:56, hora local. El Servicio Geológico de Estados Unidos elevó de 7,6 a 7,7 la magnitud del evento, mientras el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá la situó en 7,5, después de una estimación inicial de 7,2.
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