A las afueras de la Rodoviaria del Plano Piloto, en Brasilia, Zenia Seraine y su hija Marina participan en acciones de movilización junto a otros simpatizantes del mandatario.
En una mesa ubicada en uno de los lugares más transitados de esta capital distribuyen pegatinas, ondean banderas y comparten materiales con información sobre la campaña del jefe de Estado, enfocadas en conquistar el voto de los indecisos de cara a la segunda vuelta electoral del próximo 25 de octubre.
Conmovidas, y por momentos con lágrimas en los ojos, ambas explicaron a Prensa Latina que su presencia en las calles va más allá de una preferencia política: es una forma de defender la vida, la ciencia, la democracia y los derechos de quienes dependen de las políticas públicas para salir adelante.
Marina, investigadora y posdoctoranda en Geología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, explicó que perdió a su abuela en 2021, durante la pandemia, una muerte que atribuye a la negligencia del Gobierno del entonces presidente Jair Bolsonaro.
“Toda mi familia tiene un trauma muy grande por lo que ocurrió durante el Gobierno de Bolsonaro”, cuenta la joven, quien decidió convertir ese dolor en una motivación para participar activamente en la campaña.
Desde el día siguiente a la primera vuelta del 4 de octubre, que tuvo como candidato más votado al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, Marina sale a las calles como voluntaria para conversar con los electores y explicarles, desde su experiencia, las consecuencias que tuvo aquella administración para la sociedad brasileña y América Latina.
“Estamos aquí para hacer un trabajo de concientización sobre los perjuicios del Gobierno de Bolsonaro y cómo eso tuvo impactos profundos en la sociedad”, afirmó.
Su madre, Zenia, comparte esa determinación, aunque señaló que el compromiso no responde únicamente a una pérdida familiar. Para ella, la disputa electoral enfrenta dos maneras de entender el país: una centrada en el bienestar colectivo y otra que, a su juicio, privilegia los intereses particulares.
“Tenemos que luchar por un país mejor, por la libertad, pensando siempre en el colectivo”, remarcó.
Zenia reconoce que ella y sus hijos pertenecen a una familia privilegiada, pero considera que esa circunstancia aumenta su responsabilidad con quienes necesitan la asistencia estatal para alimentarse, estudiar y sostener a los suyos.
En ese sentido, mencionó programas sociales como Bolsa Familia, destinado a apoyar a hogares de bajos ingresos, y Pé-de-Meia, una iniciativa de incentivos financieros para estudiantes de la enseñanza media pública, como conquistas que deben preservarse.
Sin embargo, el recuerdo de su madre, fallecida durante la pandemia en un contexto que Zenia vincula con la falta de vacunación, constituye una de las razones más dolorosas de su activismo.
“No acepto eso. Y no fue solamente mi madre: fueron 700 mil personas”, expresó en referencia al número de muertes por Covid-19 registradas en Brasil.
La experiencia también marca su rechazo a respaldar a la familia Bolsonaro, a la que reprocha haber negado la importancia de la ciencia.
Para ella, ese antecedente resulta incompatible con la labor de su hija, dedicada a la investigación científica, y con la sociedad que aspira a dejar a sus nietos.
Tras el resultado de la primera vuelta, Zenia llamó a Marina y le propuso salir a la calle, buscar un comité de campaña y encontrar la manera de contribuir a la victoria de Lula.
Desde ese momento, ambas aprovechan el tiempo libre e incluso las madrugadas para preparar materiales y mantener activa la mesa hasta el día de la votación.
La defensa de los derechos laborales y de la salud pública ocupa también un lugar central en sus argumentos. Zenia teme que un eventual Gobierno de Flávio Bolsonaro revierta avances sociales y reduzca las garantías de los trabajadores.
“El empresario depende del trabajador. ¿Por qué no puede ser valorado? ¿Por qué quitarle sus derechos?”, cuestionó.
En esas interrogantes se resume una convicción que madre e hija comparten con otros voluntarios movilizados en la capital brasileña: la política debe atender las necesidades de la mayoría y no limitarse a los intereses de quienes ya tienen privilegios.
Hasta el último día de campaña, Marina y Zenia seguirán conversando con desconocidos, entregando pegatinas y defendiendo su opción electoral.
En cada intercambio llevan consigo el duelo familiar, pero también la esperanza de que el resultado del domingo permita preservar aquello por lo que decidieron salir a las calles.
“Si Dios quiere, esta victoria será nuestra”, manifestó Zenia, con la emoción todavía presente en la voz.
Para ambas, votar por Lula es también una manera de afirmar que la memoria de las víctimas de la pandemia, la solidaridad y el compromiso con el colectivo no deben quedar fuera del futuro de Brasil.
ocs/mar





