Por Martha Andrés Román
Ese medio de transporte fue utilizado por muchos seguidores del mandatario que este sábado se congregaron en una movilización en las inmediaciones del Museo Nacional de la República, de cara a la segunda vuelta en las urnas.

Durante las 13 paradas que separan la estación Águas Claras de la Central, fue posible apreciar cómo los vagones se llenaron de las banderas rojas del Partido de los Trabajadores, pegatinas con el rostro del gobernante y materiales de campaña con las imágenes de Lula y de su vicepresidente, Geraldo Alckmin.
Pero lo que más llamaba la atención eran las voces, los cánticos, el entusiasmo en los rostros. “Lula, guerreiro do povo brasileiro” (Lula, guerrero del pueblo brasileño) y el contagioso “Olê, olê, olê, olá, Lula, Lula” resonaban entre pasajeros que parecían llevar al trayecto la energía acumulada durante semanas de campaña.
Había alegría, emoción y, sobre todo, una expectativa que sobrevivió al revés del 4 de octubre, cuando el senador Flávio Bolsonaro, rival de Lula en la disputa por la Presidencia, aventajó al jefe de Estado en la primera vuelta por una diferencia de 2,2 millones de votos.
En lugar de hundirse con ese resultado o quedarse de brazos cruzados, los seguidores del mandatario emprendieron una carrera contrarreloj para, en las tres semanas hasta el balotaje de este domingo 25 de octubre, convencer, movilizar y llevar a las urnas a quienes todavía pueden inclinar la balanza.
De ese modo, en los últimos días una palabra se ha repetido continuamente entre quienes respaldan la reelección de Lula, “virada” (remontada), como expresión de un deseo que no se ha quedado solo en un sentimiento abstracto, sino que se ha llevado a las calles, a los actos públicos, a las redes sociales.
La tarea parece muy difícil, casi imposible, en un país donde, desde la instauración del balotaje presidencial en 1989, ningún candidato que terminó segundo en la primera vuelta consiguió imponerse después en la votación definitiva.
Sin embargo, ni esa estadística histórica ni las encuestas que ponen a Flávio Bolsonaro ligeramente por delante parecen suficientes para disuadir a una militancia que cree en la remontada y lucha por ella, porque considera que en eso va el futuro del país.
En esa reacción después de la primera vuelta ha sobresalido el diputado André Janones, quien convirtió WhatsApp en una de las principales trincheras digitales de la campaña con su canal Ejército de Lula.
Tras llegar al primer turno en las urnas con unos 50 mil seguidores, ese espacio se disparó hasta acumular ahora casi 11 millones, y se convirtió en una plataforma de articulación para amplificar mensajes, interactuar con publicaciones y extender la presencia del candidato en las redes sociales.
La iniciativa ayudó a canalizar la necesidad de reacción de una militancia que salió golpeada de la primera votación.
Janones puso a miles de simpatizantes en movimiento desde sus teléfonos, con iniciativas que dieron rienda suelta a la creatividad, y que también se transformaron en acciones fuera del mundo virtual, como un sonado cacerolazo contra Flávio Bolsonaro.
En Brasilia, donde el senador obtuvo el 51,31 por ciento de los votos válidos en el primer turno, frente al 38,11 por ciento de Lula, también ha sido palpable esa lucha por la remontada y esa determinación de los simpatizantes del mandatario de no dar la disputa presidencial por perdida.
Todo ese ambiente de esperanza y entrega confluyó ayer en el acto “Bota pra Virar” (¡Vamos a dar la vuelta!), en el cual muchos participantes hicieron del metro una prolongación de la movilización.
En uno de los vagones, entre el rojo predominante que portaban los seguidores de Lula, había varias personas con camisetas de la selección brasileña y pegatinas en apoyo a Flávio Bolsonaro y a la gobernadora del Distrito Federal, Celina Leão.
A pesar de la ventaja considerable que tiene el senador en Brasilia, al menos en aquel recorrido, las voces que dominaban el ambiente eran las de quienes todavía esperan una virada histórica.
Este domingo, las urnas darán el desenlace definitivo. Hasta la emisión de los resultados, los seguidores de Lula mantienen viva la esperanza y confían en que el hombre que ha conducido tres veces los destinos de Brasil vuelva a demostrar su capacidad para protagonizar lo aparentemente imposible.
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