El litro de ese combustible pasó de 0,76 dólares en enero a 1,54 dólares a partir de este viernes, lo que representa un incremento del 103 por ciento, según los ajustes quincenales divulgados por la Secretaría Nacional de Energía.
La tendencia marca un cambio en la estructura de precios, pues el diésel, que al inicio del año costaba menos que las gasolinas, se mantiene por encima de ambas desde el ajuste del 24 de julio.
Para la nueva quincena, la gasolina de 95 octanos bajará nueve centavos por litro, hasta 1,32 dólares, mientras la de 91 octanos se comercializará a 1,19 dólares. En contraste, el diésel aumentará dos centavos, hasta 1,54 dólares.
El encarecimiento de los derivados del petróleo comenzó después de febrero, en medio del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán y las restricciones a la navegación de buques petroleros por el estrecho de Ormuz, factores que presionaron al alza las cotizaciones internacionales.
Este comportamiento de los combustibles coincide con mayores presiones sobre el costo de vida. En septiembre, el índice de precios al consumidor registró un incremento interanual de 2,8 por ciento, mientras la división de transporte acumuló un alza de 11,2 por ciento frente al mismo mes de 2025.
Dentro de ese componente, los combustibles y lubricantes para vehículos particulares aumentaron 5,5 por ciento respecto a agosto.
Para amortiguar el impacto, el Gobierno puso en marcha un mecanismo temporal de estabilización de precios, con recursos de hasta 100 millones de dólares, destinado a sectores como el transporte público de pasajeros, la carga, la maquinaria agrícola y la pesca artesanal.
Al primero de octubre, el programa había utilizado 66 millones de dólares y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) solicitó otros 30 millones para garantizar su continuidad hasta diciembre.
Sin embargo, el apoyo es focalizado y no representa una reducción generalizada para todos los consumidores de combustibles.
Durante los recientes debates presupuestarios, el MEF reconoció que no puede garantizar que ese subsidio se traduzca directamente en menores precios de los alimentos, debido a la intervención de múltiples factores en los procesos de producción y comercialización.
A ello se suma que, durante esa comparecencia, no se presentó un desglose público de los recursos asignados a cada sector, lo que dificulta evaluar el alcance real de la medida y su efectividad para contener los costos de los servicios y las actividades económicas.
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