“Preservar nuestras tradiciones es reconocer de dónde venimos, sentir orgullo de lo que somos y construir, desde nuestras raíces, la visión del presente y del futuro”, afirmó la mandataria en un mensaje publicado en su cuenta de la red social X.
Consideró que cada ofrenda, cada flor de cempasúchil y cada veladora colocados en los altares de hogares, instituciones, comercios grandes y pequeños y espacios públicos, son “expresiones de amor, memoria y respeto por quienes nos antecedieron”.
“Hoy honramos la memoria de nuestros ancestros, celebramos la herencia de los pueblos originarios y reconocemos la grandeza cultural que nos da identidad”, añadió la dignataria, quien invitó a conocer cómo se rescata esa tradición en Palacio Nacional.
Mediante un video compartido junto al mismo texto, la jefa del Ejecutivo definió al altar de Día de Muertos, una festividad celebrada sobre todo este domingo y mañana en el país norteamericano, como un espacio de amor, memoria y tradición.
“A través de las fotografías, las anécdotas, los aromas y los platillos favoritos, recordamos a quienes ya no están y mantenemos vivos los vínculos que forman parte de nuestra historia. Así transmitimos nuestras tradiciones de generación en generación”, manifestó.
Al mostrar imágenes de cómo se preparó el altar levantado en Palacio Nacional, Sheinbaum comentó que la flor de cempasúchil, imprescindible en las decoraciones por estos días, es originaria de México y su nombre proviene del náhuatl, que significa “20 flores” o “muchas flores”.
Para los mexicas, representaba al Sol, refirió la presidenta, al agregar que se creía que sus pétalos conservaban su luz y su calor.
“Por eso, hasta nuestros días, colocamos caminos de cempasúchil en nuestras ofrendas, pues según la tradición, su color y su aroma guían a nuestros seres queridos de regreso a casa, porque recordar también es una forma de mantener viva la memoria”, concluyó.
Si bien el Día de Muertos se conmemora el 1 y 2 de noviembre de cada año, unas dos semanas antes de estas fechas las ciudades y los pueblos comienzan a vestirse con adornos muy particulares para honrar y recordar a los seres queridos.
Los espacios públicos y privados se llenan, entre otros, de cempasúchil, papel picado y pan de muerto.
Con motivo de los festejos, esta capital organizó desfiles, inauguró una instalación monumental de luz y color en la avenida Paseo de la Reforma y erigió una megaofrenda en el Zócalo con una catrina de 33 metros, la más alta del mundo, que le agenció además un récord Guinness.
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