Si bien ayer la conmemoración se dedicó a los niños, este lunes los adultos serán el centro de la jornada y muchas familias acudirán a los cementerios para limpiar y adornar las tumbas, además de colocar fotografías, pan de muerto y los alimentos favoritos de los difuntos. Unas semanas antes del 1 y 2 de noviembre, los hogares y las instituciones, los comercios y las tienditas de barrio, los pueblos y las ciudades comienzan a exhibir las decoraciones propias de estas fechas para honrar y recordar a los seres queridos.
“Preservar nuestras tradiciones es reconocer de dónde venimos, sentir orgullo de lo que somos y construir, desde nuestras raíces, la visión del presente y del futuro”, afirmó ayer la presidenta Claudia Sheinbaum en un mensaje publicado en su cuenta de la red social X.
Consideró cada ofrenda colocada en los altares como “expresiones de amor, memoria y respeto por quienes nos antecedieron”.
“Hoy honramos la memoria de nuestros ancestros, celebramos la herencia de los pueblos originarios y reconocemos la grandeza cultural que nos da identidad”, añadió la dignataria, quien invitó a conocer cómo se rescata esa tradición en Palacio Nacional.
En un video compartido junto al mismo texto, definió al altar de Día de Muertos como un espacio de amor, memoria y tradición.
“A través de las fotografías, las anécdotas, los aromas y los platillos favoritos, recordamos a quienes ya no están y mantenemos vivos los vínculos que forman parte de nuestra historia. Así transmitimos nuestras tradiciones de generación en generación”, manifestó.
Al mostrar imágenes de cómo se preparó el altar levantado en Palacio Nacional, Sheinbaum comentó que la flor de cempasúchil, imprescindible en las decoraciones por estos días, es originaria de México y su nombre proviene del náhuatl, que significa “20 flores” o “muchas flores”.
Para los mexicas, representaba al Sol, y se creía que sus pétalos conservaban su luz y su calor.
“Por eso, hasta nuestros días, colocamos caminos de cempasúchil en nuestras ofrendas, pues según la tradición, su color y su aroma guían a nuestros seres queridos de regreso a casa, porque recordar también es una forma de mantener viva la memoria”, concluyó.
Con motivo de los festejos, esta capital organizó desfiles, inauguró una instalación monumental de luz y color en la avenida Paseo de la Reforma y erigió la tradicional megaofrenda en el Zócalo de la urbe con una catrina de 33 metros, la más alta del mundo, que le agenció además un récord Guinness.
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