En el paro participan trabajadores de la función pública, la sanidad, la educación, correos, las telecomunicaciones, el sector ferroviario, además de empleados de la industria y los servicios privados, así como los estudiantes de liceos y universidades.
La protesta también reclama más recursos para los servicios públicos, freno a los recortes de empleo y mejoras de las pensiones, destaca el canal de televisión BFMTV.

Además, las centrales gremiales exigen revisar los 211 mil millones de euros de ayudas públicas a las empresas, para evaluar su utilización y condicionarlas a objetivos sociales y laborales.
Declaraciones de Fabien Villedieu, secretario federal del sindicato ferroviario SUD-Rail, apuntan a que la huelga de este jueves tendrá un seguimiento importante, pese a previsiones oficiales de perturbaciones limitadas en los TGV.
El dirigente sindical explicó que la inflación alcanza el 3,4 por ciento, mientras que los aumentos salariales previstos se sitúan alrededor del dos por ciento, lo que supone una pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores.
Frente a esta situación, defendió que la única salida es conseguir incrementos salariales reales mediante la negociación o, si no hay acuerdo, recurrir a la huelga.
Villedieu precisó que la movilización cuenta con el llamamiento de trabajadores del sector público y privado, incluidos los ferroviarios de la SNCF y empleados de otras empresas.
El dirigente sindical aseguró que unos 300 trenes de los 14 mil previstos se verán afectados en ese segmento, mientras que las mayores alteraciones recaerán sobre la gran mayoría de los trenes regionales y otros servicios ferroviarios.
De acuerdo con sus primeras estimaciones, el seguimiento de la huelga sería tan importante como el registrado el 10 de junio, y consideró que la movilización debe servir para construir una relación de fuerzas capaz de obligar a las empresas y al Gobierno a negociar.
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