Entre volcanes, lluvia y una pelota que despierta a Managua

Managua, 6 nov (Prensa Latina) Managua amaneció nublada, con el aire caliente y húmedo de quien espera lluvia, y hoy comienza el Mundial de Béisbol Sub-23 con la promesa de convertirse en una fiesta de pelota, banderas y sueños.

Por Boris Luis Cabrera (Enviado especial)

Foto: Endrys Correa Vaillant (FotosPL)

Ayer las precipitaciones visitaron esta capital con insistencia y dejó al equipo Cuba, que completó su delegación apenas en la tarde, sin poder entrenar ni familiarizarse con el terreno, como si el destino quisiera probar desde el inicio la paciencia de los cubanos.

Hoy, sin embargo, la selección de la mayor de Las Antillas tendrá frente a sí un reto de esos que no admiten tregua: Corea del Sur, un rival de temple asiático, precisión y disciplina, en un choque que puede marcar el pulso emocional de toda la campaña.

El timonel Guillermo Carmona confió la apertura a José Ignacio Bermúdez, un lanzador que ha mostrado temple en la lomita, pero que aún no ha sentido el reto de medirse a un equipo asiático, con su ritmo distinto y su paciencia quirúrgica.

Cuba necesita esa victoria como quien necesita aire, porque en el Grupo B también esperan el vigente campeón mundial Japón y Venezuela, dos murallas difíciles de derribar, y solo tres equipos por llave alcanzarán la superronda.

Llegué a Managua con la responsabilidad de cubrir el torneo para Prensa Latina, en mi segunda experiencia profesional en un evento internacional, después de la Serie de Las Américas vivida este año en Caracas, y aún me cuesta creer que la pelota me haya traído hasta esta tierra de lagos y volcanes.

Apenas he podido conocer este país, pues mi ruta ha ido del Estadio Nacional Soberanía al lugar en el que trabajo, pero en ese ir y venir he podido respirar su aire, sentir su clima parecido al del oriente cubano y descubrir una ciudad calurosa, seca y de una energía que no se explica, se vive.

Managua, después del devastador terremoto de 1972, dejó de crecer hacia el cielo y comenzó a extenderse hacia los lados, por eso no hay rascacielos que dominen el horizonte, sino una ciudad baja, amplia y persistente, que ha aprendido a levantarse sin levantar la voz.

En las avenidas ya brillan las luces navideñas, los negocios particulares abren sus puertas con esa mezcla de esfuerzo y esperanza que se ve en la gente emprendedora, y todo el país parece haber puesto sus ilusiones en una pelota de cuero de 108 costuras.

Aquí el béisbol no es un deporte, es casi una religión, y los pinoleros miran a su selección con esa fe intacta de los pueblos que sueñan con proclamarse campeones, conscientes de que Nicaragua también debuta hoy en su propio estadio, bajo las luces de una noche que promete ser inolvidable.

El torneo, que reúne a 12 selecciones en Managua, Masaya y León hasta el 15 de noviembre, será una batalla entre los latinos, con su garra y su música, y los asiáticos, con su precisión y su silencio estratégico, y yo tendré el privilegio de contarla, sin perder un detalle del equipo Cuba, pero sin olvidar que mi misión es seguir el torneo en su conjunto.

La atención que hemos recibido del corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua, Yosbel Bullain, y de su bella familia, ha sido un abrazo en tierra ajena, una muestra de que la solidaridad también se mide en gestos pequeños que hacen grande la distancia.

Junto a mí está Endrys Correa, el fotógrafo de la agencia, un profesional excelente que se ha puesto a mis órdenes sin condiciones, y con quien ya he empezado a entretejer una amistad que promete, porque en este oficio los compañeros de ruta terminan siendo parte de la historia.

Extraño ya a mi familia y a la rutina diaria de Cuba, y siento que esta aventura apenas comienza, pero también siento el orgullo de estar aquí, cumpliendo con mi trabajo, representando a mi país y a mi agencia en un evento que ya empieza a latir con fuerza.

Managua, con sus volcanes al fondo y su gente en la calle, se prepara para vivir 10 días de béisbol, y yo, con el móvil en la mano y el corazón en Cuba, estoy listo para contarla, porque esta crónica apenas comienza, y la pelota, como siempre, tiene la última palabra.

ocs/blc

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