Este domingo, en su tercera jornada de los cinco días de la festividad, las celebraciones alcanzaron matices superiores con los banquetes, los fuegos artificiales, las reuniones familiares y los donativos.
El Diwali, que marca además para algunos el comienzo de un nuevo año, es famoso por las relucientes lámparas de arcilla que se colocan frente a las casas de quienes lo celebran.
No solo es un festival religioso importante para los hindúes, también los es para jainistas, sijes y budistas, por lo que no existe una historia única sobre su origen pero todas representan la victoria del bien sobre el mal.
Para los sijes, conmemora la liberación del gurú del siglo XVII Hargobind tras 12 años de encarcelamiento impuesto por el emperador mogol Jahangir; los jainistas lo celebran como el día en que Mahavira, el último de los grandes maestros jainistas, alcanzó el nirvana; y los budistas lo consideran el día en que el emperador hindú Ashoka, que reinó en el siglo III antes de nuestra era, se convirtió al budismo.
Además, el Diwali es una celebración de la diosa hindú de la riqueza y la buena suerte, Lakshmi, y en la antigua sociedad agraria de la India coincidía con la última cosecha antes del invierno, época en la que se rezaba a la deidad para pedir buena fortuna.
En el norte de la India, el Diwali conmemora el regreso triunfal del príncipe Rama a la ciudad de Ayodhya tras 14 años de exilio y el rescate heroico de su mujer Sita, secuestrada por el rey rival Ravana.
En el sur, celebra la victoria de Krishna sobre el rey demonio Narakasura, que había apresado a 16 mil mujeres en su palacio, y en el oeste, festeja el destierro del rey Bali al inframundo por parte de Visnhu.
Con el paso de los años, el Diwali se ha convertido en la mayor temporada festiva de la India, rivalizando con Acción de Gracias o Navidad en la cultura occidental.
Los fuegos artificiales son un aspecto importante de las celebraciones, sobre todo en Nueva Delhi, donde suelen generar críticas por el repunte de la contaminación en una ciudad que ya registra índices elevados.
Con miles de millones de celebrantes en todo el mundo, el festival de las luces reafirma su condición de fenómeno cultural y religioso de alcance global, en el que la luz —símbolo de esperanza y renovación— vuelve a imponerse sobre la oscuridad.
oda/lrd





