Estos ataques van más allá de la dimensión de seguridad y se convierten en una herramienta política destinada a restaurar la imagen de disuasión en el ámbito interno israelí como una vía de escape de las crisis partidistas y del descenso de la popularidad del Gobierno, estimaron los expertos.
El investigador en asuntos israelíes Yasser Manna señaló que la estrategia quedó en evidencia la pasada semana con el asesinato de Azzam Khalil al-Hayya, hijo de Khalil al-Hayya, jefe del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) en el enclave costero.
Según la prensa árabe, este último fue elegido máxima figura del grupo islamista en las recientes elecciones internas, aunque hasta la fecha no se anunció de forma oficial.
La implicación más importante de esas muertes reside en el deseo de Israel de transmitir el mensaje de que las negociaciones no paralizan su capacidad de seguridad y que los líderes de Hamas y sus familias no gozan de inmunidad ni siquiera durante la mediación, estimó Manna.
Este comportamiento coloca a los países mediadores del proceso en una situación de “negociaciones bajo presión”, subrayó en declaraciones a la agencia de noticias Safa.
El plan es evitar que la segunda fase de las conversaciones se convierta en una vía política vinculante para Israel, a menos que Hamas acepte sus condiciones, incluido el desarme, destacó.
Por su parte, el analista Adel Shadid declaró que “Israel recurre a los asesinatos no solo por motivos de seguridad, sino también para restaurar la confianza de su frente interno en su sistema militar y político, y para evaluar el impacto de esto en la cohesión del frente opuesto”.
Ese país utilizó en el pasado los asesinatos para eliminar a los dirigentes palestinos y sustituirlos por otros, o para sabotear un esfuerzo político y avergonzar a la parte negociadora con el fin de socavar la confianza del pueblo en cualquier proyecto político propuesto, apuntó.
Shadid aseguró que el ritmo de la escalada está directamente relacionado con el descenso de la popularidad de Netanyahu en las encuestas de opinión y con la proximidad de las elecciones en ese país.
El escritor y analista político Wissam Afifa describió esa campaña como un intento directo de “negociar con sangre”.
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