sábado 20 de abril de 2024
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Kufiya, entre protestas y pasarelas

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La Habana, 23 mar (Prensa Latina) Reconocida mundialmente como un símbolo de la lucha del pueblo palestino, la kufiya es una bufanda o pañuelo cuyo uso se ha popularizado en las últimas décadas hasta llegar, para sorpresa de muchos, a las pasarelas de la alta costura.

La típica pieza de tela blanca con motivos negros o rojos, que se hizo habitual en la escena mediática internacional gracias al líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, en los últimos tiempos ha inspirado a creadores de la moda que la han llevado a no pocos desfiles y colecciones.

Uno de los episodios más recientes llegó de la mano del diseñador egipcio Mohamed Nour, quien al calor de la actual ofensiva israelí contra la Franja de Gaza—denunciada por países, organizaciones y personalidades en el mundo—, presentó una colección para 2024 bajo el título de LIBRE, en la cual todas las piezas se apropian y recrean la estética de la kufiya.

Según coinciden numerosas fuentes, la primera vez que el pañuelo irrumpió en una pasarela fue en 2007, nada más y nada menos que con la prestigiosa casa de modas española Balenciaga.

Nicolas Ghesquière la incluyó como accesorio en su conjunto de otoño y fue todo un “hit” que la revista Vogueevocó como unos de los 10 grandes aciertos de la carrera del modisto.

Lógicamente, la alta costura nunca fue el espacio natural de la kufiya, una prenda usada desde tiempos inmemoriales por los pueblos árabes que habitaron los territorios no solo de Palestina, sino en general del Medio Oriente, quienes solían emplearla con fines utilitarios para protegerse de la arena, del frío o del sol.

En la segunda mitad del siglo XX, en el contexto de la agudización del conflicto con Israel, la pieza se consolidó como un símbolo de la resistencia de los palestinos frente a la ocupación sionista y de la solidaridad mundial con esa causa.

Llevarla se ha convertido, incluso, en una especie de declaración de principios de quienes se sienten comprometidos con la justicia y el progresismo en el planeta.

Llega entonces la pregunta evidente: ¿es legítimo que un símbolo de tanta significación política entre al ámbito de la moda y el lujo, tradicionalmente asociado a lo puramente comercial y superfluo?

Para muchos la respuesta solo puede ser No, si bien las razones de esa negativa parten de puntos diametralmente opuestos. Por un lado, están los sectores pro-israelíes, enfermos de fobia ante todo lo que pueda estar relacionado con la causa palestina.

Por otro lado, en el bando pro-palestino también muchos se oponen, con el argumento de que ello contribuye a distanciarla de sus orígenes y banalizar su significado.

Una postura similar a la de quienes rechazan lo que sucede con la figura de Ernesto Che Guevara, cuyo rostro es una de las imágenes más comercializadas en el mundo, sin que ello se acompañe de un conocimiento real de su ideología y trascendencia histórica.

Pero, quizás, son más numerosos los que ven con buenos ojos que la kufiya esté en las pasarelas, y en toda tribuna posible que pueda resultar útil para la causa palestina. Si el propósito es impulsar el fin de la agresión israelí, un asedio que cada vez toma más la forma de genocidio, toda acción es bienvenida.

En la actualidad se produce en cualquier lugar del mundo, pero las verdaderamente palestinas salen de una única fábrica que se mantiene funcionando en Hebrón, en la Cisjordania ocupada. No puede hacer más un pueblo que vive una tragedia permanente.

Ojalá no demore en llegar el día en que esa fábrica se multiplique en territorios propios, y en cualquier parte del mundo, en calles o en pasarelas, las kufiyas lleven todas la etiqueta: Made in Palestina.

(Tomado de 4ta Pared, suplemento cultural de Orbe)

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