lunes 22 de abril de 2024
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Cultura rusa entre ríos

Moscú, 24 mar (Prensa Latina) En la confluencia de los ríos Sviyaga, Shchuka y Volga, en la República de Tartaristán, Rusia, está ubicada la localidad rural de Sviyazhsk, una especie de isla que durante muchos años estuvo totalmente incomunicada por tierra con los territorios aledaños.

La pequeña porción terrestre de forma redonda, —casi perfecta—, albergó desde una fortaleza defensiva, un monasterio, un campo de concentración, una prisión del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética y un hospital psiquiátrico.

Todo encerrado en una antigua ciudad erigida en 1555, que en la actualidad ostenta un número colosal de monumentos rusos por metro cuadrado.

Pocos años después de la fundación de Sviyazhsk, —y tras convertirse en el puesto de avanzada del zar Iván el Terrible para la toma de la región del Volga—, apareció el monasterio de la Asunción y, posteriormente, la catedral de la Asunción, la única de su tipo en el mundo con un fresco que representa a San Cristóbal con cabeza de caballo.

En declaraciones exclusivas a Cuarta Pared la historiadora de la isla, Anna Andievskya, detalló que el monasterio masculino de la Asunción está incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), catalogado como el principal centro educativo y de iluminación de la región durante los siglos XVI-XVIII.

“Esta edificación religiosa contó con una de las primeras imprentas de Rusia, junto con la de Moscú. Los frescos del monasterio están entre los mejores de todo el país”, refirió la especialista.

Sviyazhsk concentra cerca de 37 monumentos culturales, entre ellos otro monasterio, el de San Juan Bautista, del siglo XVI, y siete iglesias. “Un conglomerado histórico-cultural que desde 2017 está bajo la protección de la Unesco”, añadió Andievskya.

Hoy en día, los cerca de 10 mil habitantes de la isla viven con el ajetreo de turistas que llegan desde cualquier lugar del mundo para conectar con un complejo etnográfico, donde se siente el espíritu de la historia rusa y las atracciones medievales.

(Tomado de 4ta Pared, suplemento cultural de Orbe)

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