A través de un decreto presidencial leído anoche durante un acto por los 45 años del inicio de la ofensiva final insurreccional que derrotó a la dictadura somocista, el jefe de Estado anuló “esa infamia que ofende a todos los nicaragüenses dignos”.
“Anular esa condecoración a un militar yanqui, es legítima defensa de la soberanía, la dignidad y el honor nacional”, subrayó el texto.
Reiteró que invalidar esa entrega también borra la afrenta que se cometió contra un héroe y dirigente de la Revolución Popular Sandinista, cruelmente asesinado por la guardia somocista, creada y armada por Estados Unidos.
El documento recordó que el comandante Camilo Ortega fue inmolado junto a otros combatientes revolucionarios, mientras combatía junto al pueblo de la comunidad indígena de Monimbó.
“La Medalla al Valor “Camilo Ortega Saavedra” hoy se limpia de manchas humillantes y recupera su grandeza, en la conmemoración Gloriosa del 45 Aniversario de las Acciones Guerrilleras Sandinistas, de la Ofensiva Final Insurreccional”, subrayó.
Tras concluir la ceremonia en la Plaza de la Fe en esta capital, la vicemandataria Rosario Murillo calificó a Camilo Ortega como un combatiente heroico, ejemplar, y de un carácter dulce.
«Un pueblo como el nuestro merece un lugar especial, ya lo tenemos, pero cada vez más subrayado en la historia y en la memoria de las luchas victoriosas de los pueblos del mundo», manifestó.
Como parte del acto, Ortega condecoró con la orden Augusto C. Sandino en su máximo grado, a destacados combatientes reconocidos como valientes hijos de la patria.
El mandatario impuso dicha distinción a quienes, en 1986, derribaron el avión espía de la Agencia Central de Inteligencia que abastecía con armas y pertrechos a la contrarrevolución en Nicaragua.
La aeronave fue derribada en la zona montañosa del municipio San Miguelito, departamento Río San Juan (sur), en un punto conocido como Río Fajardito.
Cinco jóvenes del batallón Gaspar García Laviana lograron esa acción y capturaron al mercenario Eugene Hasenfus, con quién se comprobó que el Gobierno de Estados Unidos era el que financiaba a la contrarrevolución aquí.
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