De acuerdo con el documento presentado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), las mujeres tienen menos acceso al tratamiento que los hombres: una de cada 18 lo recibe en comparación con uno de cada siete hombres.
En conjunto, el consumo de drogas en el mundo aumentó un 20 por ciento en la última década hasta alcanzar los 292 millones de usuarios en 2022.
Aunque el consumo de cocaína es el que más crece en números totales, el cannabis sigue siendo la droga más usada, con 228 millones de consumidores.
Le siguen los Opioides, con 60 millones, Anfetaminas (30 millones), Cocaína (23 millones) y Éxtasis (20 millones).
Los expertos alertan que la demanda y la producción sin precedentes de cocaína y la aparición de potentes opioides sintéticos están agravando el problema de las drogas, provocando un aumento de los trastornos por consumo, la violencia y los daños ambientales.
En 2022, se produjo una nueva cifra récord de dos mil 757 toneladas de cocaína, lo que representa un incremento del 20 por ciento respecto a 2021 y el triple de los volúmenes de 2013 y 2014.
Por su parte, el cultivo global de arbusto de coca aumentó 12 por ciento entre 2021 y 2022, hasta alcanzar las 355 mil hectáreas.
Según el informe, la aparición de nuevos opioides sintéticos está provocando un ascenso de las muertes por sobredosis y complicando la lucha contra el narcotráfico.
Los nitazenos, unos opioides más poderosos que el fentanilo, están originando numerosas sobredosis en América, Europa occidental y Oceanía.
“Son más baratos de producir que la heroína, no se necesitan grandes cantidades para el consumo y tienen un potencial adictivo más alto”, explicó Angela Me, directora de Investigación y Análisis de Unodc.
La investigación sobre el uso terapéutico de sustancias psicodélicas y el uso en retiros espirituales, viajes y festivales están contribuyendo al floreciente del interés comercial y al uso no supervisado, “cuasi terapéutico”, y no médico de psicodélicos.
La agencia de la ONU destacó que sigue existiendo el riesgo de que los acontecimientos se adelanten a la evidencia científica y que el establecimiento de directrices para el uso médico comprometa los objetivos de salud pública y aumente potencialmente los riesgos asociados al uso no supervisado de psicodélicos.
«La producción, el tráfico y el consumo de drogas siguen exacerbando la inestabilidad y la desigualdad, mientras causan daños incalculables a la salud, la seguridad y el bienestar de las personas», destacó Ghada Waly, directora ejecutiva de la agencia.
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