Fue un año de “mucho fortalecimiento de estabilidad macroeconómica en un ambiente cada vez más hostil”, explicó el vicepresidente del Banco de Guatemala (Banguat), José Alfredo Blanco, citado por el diario local Prensa Libre.
Los sectores alcistas son comercio y reparación de vehículos, de 4,0 a 4,4 por ciento; actividades financieras y seguros de 7,6 a 8,4; así como suministro de electricidad, agua y actividades de saneamiento de 3,3 a 4,3 por ciento.
También, información y comunicaciones de 4,2 por ciento a 4,8; salud 6,1 a 6,2; y las industrias manufactureras de 2,5 a 2,6, sobresalió aquí tras reunión sostenida por la Junta Monetaria.
“Esta revisión que realizaron los cuerpos técnicos nos llevó a entender de que ya no se crecerá 3,5, sino que la proyección es 3,7”, subrayó el funcionario.
Sobre la inflación, Blanco detalló que en noviembre último alcanzó 1,66 por ciento, un valor sin presentarse desde enero del 2010 cuando se ubicó en 1,43, la más baja en los 14 años.
Consideró normal tal situación, “porque venimos de una etapa en que tuvimos altos números”, acotó.
Es un fenómeno mundial debido a que en todas las naciones la inflación se está desacelerando ostensiblemente y muchos incluso en este momento están por debajo de su meta, aclaró el directivo del Banguat.
El indicador de 3,7 por ciento del PIB supera al 3,5 registrado el año pasado, se mantiene por encima del promedio potencial en los últimos años y del incremento en Latinoamérica, de acuerdo con analistas.
Las remesas, principal motor de la economía chapina, representaron el 19 por ciento del PIB en 2023 y subirían al 20,3 al terminar el presente período anual.
Con esos números dejan bien por detrás, por ahora, a las ventas dominantes en el comercio exterior, como vestuario, café y banano.
Expertos advirtieron que en caso de adoptarse reformas en la estructura económica y una mayor atracción de inversión, el potencial podía saltar hasta el cinco por ciento anual.
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