El calendario vuelve a cruzar a dos equipos que representan épocas distintas del poder en la Conferencia Oeste. Oklahoma City llega como la maquinaria más sólida del campeonato: 29 victorias, apenas cinco derrotas y una autoridad que se sostiene en la continuidad, la disciplina táctica y el talento joven que ha aprendido a ganar. El proyecto de Mark Daigneault no solo domina, impone respeto, y cada noche parece escribir una nueva página de madurez competitiva.
Enfrente estará un Golden State que, aunque transita la octava posición, se aferra a la mística del Chase Center, donde ha construido un sólido balance de 10 triunfos en 14 presentaciones.
Los Warriors han ganado cinco de sus últimos seis encuentros y llegan con el pulso afinado, impulsados por un ataque que vuelve a fluir con naturalidad y por la experiencia de un núcleo que se niega a desaparecer del mapa grande de la NBA.
El duelo individual promete ser un espectáculo en sí mismo. Shai Gilgeous-Alexander, segundo máximo anotador de la liga con 32.1 puntos por noche, lidera también a los Thunder en asistencias (6.4) y encarna el presente dominante de la franquicia.
En la otra orilla, Stephen Curry continúa desafiando el paso del tiempo con 28.7 unidades por partido y una racha activa de 74 encuentros consecutivos anotando al menos un triple, símbolo de una vigencia casi mitológica. A su lado, Draymond Green aporta el equilibrio: rebotes, asistencias y carácter en los momentos donde el partido se vuelve batalla.
Oklahoma ya ha golpeado dos veces esta temporada, con victorias de 126-102 y 124-112, pero la historia advierte que San Francisco rara vez se rinde ante el campeón.
Entre la precisión quirúrgica del Thunder y el orgullo incandescente de los Warriors, la noche promete algo más que baloncesto: promete un pulso de identidades, una lucha entre el presente que manda y el pasado que se niega a marcharse.
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