Benavides, a los mandos de su KTM, convirtió la jornada en un escenario de navegación y temple: abrió pista sin huellas, leyó el libro de ruta como un oráculo y fue desgajando minutos al cronómetro hasta inclinar la balanza del desierto a su favor.
En el trazado de 717 kilómetros, el más extenso del rally con salida y llegada en Wadi Ad Dawasir, el argentino impuso ritmo, cabeza fría y una audacia calculada que le permitió recortar casi cinco minutos a sus rivales directos, sellando su tercer triunfo parcial y el segundo consecutivo.
El joven de 30 años aventajó en 4:50 minutos al que era líder de la carrera, el australiano Daniel Sanders, para desplazarlo al segundo puesto, mientras el estadounidense Ricky Brabec concluyó en el tercero.
La arena, el viento y la soledad no fueron enemigos sino aliados de su pericia. Cada control de paso confirmó el vuelco de la general: del acecho al mando, del polvo a la cima, con un margen mínimo que promete una batalla feroz en los días venideros.
Con este golpe de autoridad, el piloto de Salta alimenta su leyenda dakariana y reaviva la épica de una carrera que no concede tregua, donde cada kilómetro es un desafío y cada victoria, un acto de valentía.
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