Fotos: Roberto F. Campos (FotosPL)
Se trata de una escultura muy particular que está vigilante en lo alto de una fortaleza colonial por donde la mayoría de los turistas pasan y se retratan.
En lo alto de la torre del Castillo de la Real Fuerza, en el corazón de La Habana Vieja, una silueta elegante y resistente se recorta contra el cielo caribeño.

Los guías relatan que no es una Veleta de guerrero, sino la efigie de una mujer. Es La Giraldilla, la pequeña veleta que se convirtió en uno de los símbolos más queridos y representativos de la ciudad, custodiando desde el siglo XVII su historia y su alma.
Para entender a La Giraldilla, debemos primero conocer su pedestal. El Castillo de la Real Fuerza es la fortaleza de mampostería más antigua de América. Su construcción comenzó en 1558 por orden del Rey Felipe II, tras la destrucción de una fortificación anterior por corsarios franceses.
Fue pionero en el Nuevo Mundo por su diseño renacentista con forma de cuadrángulo y su foso perimetral.
Concebido para proteger el puerto y la villa de San Cristóbal de La Habana, pronto quedó obsoleto como defensa principal ante el desarrollo de fortalezas mayores como el Morro y la Punta.
Sin embargo, su relevancia cambió: se convirtió en residencia de los Capitanes Generales y, crucialmente, en la sede de la Casa de Contratación, centro neurálgico que organizaba y custodiaba las riquezas de la Flota de Indias antes de su travesía a España.
Por su parte, la veleta fue fundida en bronce en 1632 por el escultor habanero Jerónimo Martínez Pinzón.
Su creación obedecía a una orden del entonces Gobernador de la isla, Juan de Bitrián y Viamonte.
La obra es un claro homenaje a Doña Inés de Bobadilla, esposa del conquistador Hernando de Soto.

La historia cuenta que De Soto partió de Cuba en 1539 hacia la Florida en busca de la Fuente de la Juventud, dejando a Bobadilla como la única mujer que ha ejercido, de facto, el cargo de Gobernadora de Cuba.
Se dice que ella subía diariamente a la torre del entonces primitivo castillo a escrutar el horizonte, esperando el regreso de su esposo, quien nunca volvió (murió en 1542).
Por tanto La Giraldilla captura ese instante eterno de espera: la figura femenina, vestida a la moda del siglo XVI, sostiene en su mano derecha una palma real (símbolo de Cuba) y en la izquierda un asta con la Cruz de Calatrava, emblema que entonces portaban los gobernadores.
Y de esa suerte, La Giraldilla es una especie de blasón de La Habana, en la actualidad, muy retratada, y símbolo, que los turistas siempre quieren ver y fotografiar.
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