Fotos: Roberto F. Campos (FotosPL)
Centrado en las luchas independentistas de Cuba, se trata de un escenario que atrae la atención de los viajeros con fuerza, además de tener un entorno sumamente atractivo y una bella arquitectura.

Ubicado en el corazón de La Habana Vieja, el Museo de la Revolución no solo alberga la memoria de la lucha revolucionaria cubana, sino que es un testigo excepcional de la historia arquitectónica y política de la nación.
Su imponente edificio, de estilo neoclásico con elementos eclécticos, fue construido entre 1913 y 1920 para alojar al Gobierno Provincial.
Sin embargo, alcanzó su mayor notoriedad como Palacio Presidencial, sede de los mandatarios desde Mario García Menocal hasta Fulgencio Batista.
Entre sus muros ocurrieron eventos cruciales. El 13 de marzo de 1957, fue escenario del fallido asalto al Palacio Presidencial por el Directorio Revolucionario, un intento de ajusticiamiento de Batista.
Las marcas de balas en sus paredes, especialmente en la majestuosa escalera principal, se conservan hoy como testimonio tangible de aquel día.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, el edificio fue transformado en museo e inaugurado oficialmente en diciembre de 1961.
Su narrativa expositiva, organizada cronológicamente, abarca desde las guerras de independencia del siglo XIX contra España, pasando por la lucha contra la dictadura de Batista, hasta la etapa socialista.

Destacan salas dedicadas a figuras como el Héroe Nacional José Martí, el Lugarteniente General Antonio Maceo y, de manera central, al Movimiento 26 de Julio liderado por Fidel Castro.
El recorrido incluye una impactante colección de objetos personales de los guerrilleros, armas, documentos históricos y una extensa iconografía.
En los jardines circundantes se exhibe una colección de vehículos blindados y aviones, así como el Memorial Granma, una urna de cristal que protege al yate homónimo en el que 82 expedicionarios desembarcaron en 1956 para reiniciar la lucha guerrillera.
Para la actualidad, el museo funciona como principal centro de interpretación de la historia contemporánea de Cuba, según apuntes oficiales y de la directiva de la instalación.
Su valor reside no solo en su vasto patrimonio, sino en ser un símbolo físico donde la arquitectura del poder antiguo fue reasignada para narrar la epopeya que lo derrocó.
Es, sin duda, una parada obligatoria para comprender la compleja identidad política y social de la isla.
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