Despaigne: un caballo contra el olvido en la Serie de las Américas

Caracas, 11 feb (Prensa Latina) Alfredo Despaigne volvió hoy a galopar contra el tiempo y la duda, y con batazos decisivos condujo a Cuba a una victoria 8-7 sobre los Caimanes de Barranquilla rumbo a semifinales de la Serie de las Américas.

En el estadio Jorge Luis García Carneiro de La Guaira, con el mar Caribe respirando salitre detrás de las gradas y la banda de primera desbordada de camisetas cubanas, Despaigne se plantó en el cajón como quien vuelve a un territorio sagrado.

Era más que un juego, era una frontera que dividía la permanencia en el torneo y el regreso a casa, y a veces, en el deporte como en la vida, las fronteras las cruzan los que cargan más pasado en su espalda.

Muchos dijeron que ya no, que sus 39 años pesaban más que su leyenda, que el Caballo de los Caballos debía quedarse en el establo del recuerdo, convertido en estatua, en cifra, en nostalgia. Pero el béisbol —ese animal caprichoso— volvió a desmentir a la lógica con la contundencia de los elegidos.

En el segundo episodio, con Cuba abajo y el ánimo temblando, Despaigne encontró una recta y la convirtió en relámpago. La pelota salió disparada, cruzó el cielo de La Guaira y cayó al mar para empatar el juego y levantar algo más que la pizarra: la fe.

En el tercero, volvió a morder. Sencillo productor para la tercera carrera, y luego un doble que siguió horadando el orgullo colombiano. Tres imparables en una noche donde cada swing parecía escrito con tinta de urgencia, con el tiempo cabalgando por detrás.

No fue la explosión de una chispa aislada, fue la experiencia empujando toda la maquinaria, la memoria sosteniendo al presente, el veterano haciendo girar el engranaje de un equipo que necesitaba creer en alguien cuando el abismo estaba tan cerca.

Porque Alfredo Despaigne no es solo un bateador, es una época completa del béisbol cubano. Nació en Palma Soriano, Santiago de Cuba, el 17 de junio de 1986, y desde allí comenzó a forjar una carrera que lo llevó de los terrenos polvorientos del oriente cubano a los estadios más imponentes de Asia.

Con los Alazanes de Granma se convirtió en símbolo, en tótem, en referencia obligada. En Japón fue emperador sin corona: 54 jonrones con los Chiba Lotte Marines, 130 con los Fukuoka SoftBank Hawks, cuatro veces campeón de la Serie de Japón entre 2017 y 2020, tres veces All Star de la liga, MVP del Juego de Estrellas en 2017, líder en jonrones y carreras impulsadas ese mismo año.

En Cuba, su nombre también es cifra mayor: 294 cuadrangulares en 17 temporadas, siete en esta campaña. Plata olímpica en Beijing 2008, y sobre todo, una presencia que ha atravesado generaciones: los niños que lo vieron debutar hoy lo miran como leyenda viva.

“Me siento contento, el equipo logró la clasificación, lo fundamental”, dijo después del partido, con la serenidad de quien ha ganado demasiadas batallas como para exaltarse por una más. “Ahora tenemos que ir a enfrentar la semifinal”.

Cuando Prensa Latina le insinuó que había sido el impulso del triunfo, Despaigne sonrió con esa humildad que solo tienen los gigantes cansados de serlo. “Uno trata de hacerlo lo mejor posible para que los muchachos sigan… mi tarea es siempre apoyar al equipo”.

No salió a buscar el jonrón, aseguró. Salió a “hacer buenas conexiones”, a seguir ajustando, a prepararse para el Clásico Mundial. Todavía no está —dice— al cien por ciento. Como si lo de hoy fuera apenas un ensayo, un calentamiento para lo que aún siente que debe entregar.

Y sin embargo, ahí estaba su biografía completa latiendo en cada swing: el muchacho oriental que conquistó Japón, el slugger que desafió pitchers asiáticos y caribeños, el líder silencioso que se negó a aceptar el papel de recuerdo. El que muchos no querían en esta convocatoria fue el que evitó la despedida.

Mientras los cubanos cantaban desde la grada y la noche se cerraba sobre La Guaira como un telón húmedo, Despaigne caminó hacia la banca sin aspavientos, con el paso tranquilo de quien ya no corre para probar nada.

Porque hay caballos que no galopan para llegar primero, sino para demostrar que todavía pueden arrastrar la historia entera, y esta vez, Cuba no avanzó por velocidad, avanzó por memoria, avanzó porque todavía existía Alfredo Despaigne.

rc/blc

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