En entrevista con la Agencia Brasil, la economista ítalo-estadounidense Mariana Mazzucato afirmó que el retorno económico de la inversión en artes y cultura, incluido el Carnaval, supera al de áreas como la industria automotriz.
Según estudios de la Fundación Getulio Vargas y de la Agencia Brasileña de Desarrollo Industrial citados por el medio, cada real invertido en cultura puede generar un retorno para la sociedad de 7,59 reales en empleo y renta, mientras que en el ramo de automóviles y camiones el impacto multiplicador es de 3,76 reales.
“La inversión pública en artes y cultura contribuye mucho más a la economía que gran parte de la industria manufacturera tradicional”, afirmó la experta, quien cuestionó que los gobiernos continúen priorizando estos últimos sectores, pese a la evidencia disponible.
Mazzucato, autora del texto El Estado emprendedor, visitó Río de Janeiro y Salvador para estudiar la economía creativa en torno a la mayor fiesta brasileña y prevé viajar a Recife en una próxima ocasión.
Su estancia forma parte de un estudio de la Universidad College de Londres, en cooperación con la Unesco, sobre el papel de las artes y la cultura en el desarrollo económico.
En Brasilia, donde se reunió con gestores públicos federales, defendió que el Carnaval sea el centro de una plataforma destinada a expandir la economía creativa, modelo basado en el capital intelectual, cultural y en la creatividad para generar empleo e ingresos.
Para Mazzucato, el Carnaval es un “microcosmos” que, aunque se celebra en una época específica del año, moviliza durante todo el calendario una amplia cadena de actividades: música, percusión, canto, confección de disfraces y desfiles.
Destacó además el papel de las escuelas de samba como espacios de formación de habilidades, creación de redes de contacto y fortalecimiento de la autoestima y el sentido de pertenencia.
La economista rechazó el argumento de que “no hay dinero” para invertir en cultura, al señalar que, en áreas como la defensa, los recursos surgen cuando existen objetivos claros.
Sin embargo, alertó sobre las relaciones de poder en torno al Carnaval y el riesgo de mayor concentración de renta. “¿Quién tiene acceso? ¿Se está volviendo demasiado comercial? ¿A dónde va el dinero?”, cuestionó, al indagar si los patrocinios son reinvertidos en las comunidades que sustentan esa creatividad.
Para la especialista, el debate no debe centrarse en si el Estado debe invertir en cultura, sino en cómo hacerlo, con mejores métricas y orientación a objetivos públicos que también movilicen inversión privada.
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