Las cuentas están claras y el margen es mínimo. Las Águilas Metropolitanas de Panamá, invictas con cinco triunfos, ya aseguraron el primer lugar, seguidas por los anfitriones Navegantes de Magallanes (4-1) y los Caimanes de Barranquilla (3-2), ambos con boletos sellados a las semifinales.
Con dos victorias y tres reveses, el equipo que representa a Cuba necesita vencer mañana a los propios Caimanes, en duelo pactado para las 16.30, hora local, en el estadio Jorge Luis García Carneiro de La Guaira, para avanzar a la siguiente instancia.
Si cae derrotada, quedaría eliminada en caso de un empate simple con Nicaragua (2-4), que se impuso en el duelo particular entre ambos, o en la variante de una triple igualada con los pinoleros y argentinos (1-4), que pueden llegar a dos éxitos en esta jornada.
Sin embargo, en caso de un triple abrazo con Nicaragua y Curazao (1-4), que también puede sumar un triunfo hoy, saldrían favorecidos los cubanos por el sistema de desempate.
Para ese duelo decisivo fue designado el zurdo Darío Sarduy, un lanzador de apenas 20 años, llamado a cargar sobre su brazo juvenil una responsabilidad que suele reservarse a veteranos.
Sarduy, con experiencia en dos Series Nacionales y actualmente perteneciente a la franquicia de los Halcones de SoftBank en la Liga Profesional de Japón, es visto como una de las joyas jóvenes del béisbol cubano, un proyecto de lanzador internacional que busca consolidarse bajo presión.
El pasado lunes, ante Curazao, apenas pudo trabajar una entrada, donde permitió seis imparables, tres carreras y otorgó un boleto, una salida amarga que ahora intenta transformar en punto de inflexión.
No es menor el reto. Los Caimanes de Barranquilla han mostrado un béisbol ordenado, con pitcheo aceptable y una ofensiva capaz de castigar cualquier descuido. No son un simple trámite, sino un obstáculo real en el camino antillano.
Cuba llega a este partido crucial con el recuerdo fresco de la caída de ayer 7-6 ante las Águilas Metropolitanas de Panamá, un duelo donde volvió a mostrar su carácter remontador, pero también sus grietas en los momentos decisivos.
Así llega la mayor isla del Caribe: herida, pero no vencida; obligada, pero aún viva; con su timonel Germán Mesa mirando al cielo en busca del favor de los dioses beisboleros y un país entero conteniendo el aliento, esperando que el juego, una vez más, se incline del lado de la esperanza.
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