Delegado formalizó así el anuncio más simbólico de la jornada: la bienvenida de Venezuela como séptimo miembro de la asociación, junto a Panamá, Colombia, Curazao, Cuba, Argentina y Nicaragua, unidos por un mismo objetivo: desarrollar el béisbol desde la inclusión y el crecimiento ordenado.
Con tono de proyección histórica, adelantó que la tercera edición del torneo no hablará de cifras cerradas, sino de una expansión inevitable, con más ligas y territorios sumándose al mapa continental.
La conferencia fue, más que un acto protocolar, una declaración de principios y de fe en el futuro. David Salayandía, presidente saliente de la ABAM, evocó los orígenes del proyecto, nacido entre riesgos, negociaciones y gestos de solidaridad.
Recordó que, cuando otros dudaron, la organización apostó por Venezuela “en los momentos más críticos”, convencida de que el país estaba llamado a jugar un rol protagónico en el renacer del béisbol regional.
Para Salayandía, el torneo dejó de ser una promesa para convertirse en un organismo vivo, con vocación integradora y con la ambición de abrazar no solo a América Latina, sino a toda América bajo un mismo estandarte deportivo.
El cierre, a cargo de Ronny Bernal, presidente del Comité Organizador, tuvo acento emocional y épico. Definió el evento como una carrera contra el tiempo, “sudor sin pausa en cada detalle”, pero también como un triunfo colectivo que rompió paradigmas: récords de audiencia, impacto masivo en redes sociales y la certeza de haber creado un producto con identidad propia.
Bernal destacó que el béisbol venezolano no solo respondió en lo deportivo, sino también en lo organizativo, al sostener un evento internacional en tiempo récord.
“Donde esté Venezuela, estarán los ojos del mundo”, afirmó, convencido de que la pelota, en febrero, volvió a latir como un corazón continental, y que esta Serie de las Américas no fue un punto de llegada, sino el primer capítulo de una historia destinada a crecer.
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